Respuesta rápida ante el desastre

Los vientos y las lluvias de la tormenta Isaac han causado daños cuantiosos en por lo menos 21 provincias y el Distrito Nacional. Las cifras preliminares dan cuenta de pérdidas severas en agricultura, daños importantes a infraestructura vial, sistema eléctrico y la vivienda, aislamiento de decenas de comunidades, perturbación del tránsito urbano e interurbano y percances de todo género. A la hora de escribir esta nota,  las condiciones del tiempo seguían siendo inestables,  lo que reafirma el carácter provisional de todas las cifras relacionadas con el paso de la tormenta.

Ahora corresponde actuar con la debida rapidez para mitigar los efectos del desastre atendiendo a un orden de prioridades. Primero que todo es necesario socorrer a las comunidades aisladas, proveerlas de agua potable y alimentos y todo lo necesario para disminuir los riesgos de enfermedades. Hay que reparar viviendas dañadas y restablecer tan pronto como sea posible el suministro de electricidad.

Los daños han sido muy severos en las regiones sur, suroeste, este y parte del Cibao, donde hasta anoche las lluvias continuaban. En términos globales se reportaron de manera preliminar  74 comunidades incomunicadas, 251 viviendas afectadas y 7,766 personas desplazadas. y se mantenía alerta roja para 21 provincias. El auxilio a damnificados tiene que ser oportuno y suficiente.

Fragilidad del sistema eléctrico

El paso de la tormenta Isaac destapó nuevamente las debilidades del servicio de suministro de electricidad, que colapsó en muchas partes del país desde los primeros embates de la perturbación y hasta anoche no había sido restablecido a plenitud. En un reporte preliminar,   la CDEEE informó ayer que 148 circuitos habían resultado averiados y otros 108 parcialmente afectados,  66 postes fueron derribados y al menos 784,000 clientes afectados.

 La oportunidad es propicia para corregir muchas de las fragilidades que presenta el sistema energético nacional, sobre todo en el aspecto de la distribución. La necesidad de renovar y mejorar redes queda al desnudo cada vez que nos azota una perturbación climatológica. La situación impone que se haga una evaluación que permita determinar si el sistema colapsó más por sus fragilidades que por  la fortaleza y capacidad destructiva de la tormenta.