¿Resuelve una Convención la situación del PRD?

Por haber participado en gestiones conciliatorias en el PRD, en el que se mantienen actitudes que como líneas  paralelas parecen imposible converger,  sobre todo luego de las elecciones, son muchos los que me preguntan sobre la posibilidad de que una  Convención  para elegir sus dirigentes pueda subsanar los problemas que mantienen en incertidumbre a los perredeístas y a una  parte importante de la sociedad.

La realidad es que como hace poco que finalizaron las elecciones todavía quedan heridas abiertas, y aunque el tiempo pasa volando todavía falta mucho para dicho evento.

De todas maneras,  la lógica  indica que  una Convención debería solucionar los conflictos internos, sobre todo en una organización democrática; sin embargo, el PRD siendo llamado la escuela de democracia tiene  características muy propias, y a mi juicio,  se necesitan más señales que proyecten optimismo, pues todavía se  ven y  oyen cosas que apuntan hacia caminos sin horizonte a la vista.

Importantes dirigentes o líderes a veces lucen como si  trillaran sus propios caminos, y  a pesar de los esfuerzos que se realizan, se deslizan acciones o actitudes  que no apuntan  hacia un solo partido, una sola dirigencia, una sola meta.

La única cosa clara  que tienen los perredeístas es su deseo de volver al gobierno, pero para lograrlo tienen  que redoblar esfuerzos y construir un proyecto capaz de indicarle a los dominicanos, no solo a sus partidarios, que todos tienen objetivos comunes. Para que la Convención por si sola  garantice la solución, tendrían que establecer compromisos de absoluto acatamiento a los resultados y definir aspectos fundamentales.

Esto dicho así, porque todavía en el PRD están pendientes: la confección de un padrón aceptado por las partes; resolver diferencias en cuanto a los dirigentes que componen determinados organismos de decisión; ponerse de acuerdo en  la fecha de la Convención; conformar el equipo que se encargaría de montar dicho evento; O sea, que un primer paso indicador de que tienen voluntad para ponerse de acuerdo sería establecer un protocolo para definir esas metas, de lo contrario, todo podría quedarse en el esfuerzo y volver a su punto de partida.

Un aspecto que de inmediato podrían pactar los líderes o dirigentes, es  evitar a toda costa  acusaciones y contraacusaciones, pues mientras a través de los medios de comunicación se escuchen calificaciones negativas, jamás podrá haber paz interna, con el agravante de que esas acusaciones no solo ponen en peligro las posibilidades de un entendimiento, sino que afecta la institución en su conjunto, pues dividen internamente y desaniman o confunden externamente.

La decisión de varios dirigentes a optar por la presidencia del PRD podría representar un paso positivo, pues si actúan con inteligencia y sensatez,  dinamizarían el partido y  ayudarían a  borrar de alguna forma  la figura de una polarización grupal que ahoga, frena e impide su desarrollo normal como partido democrático.

El PRD ha sabido vencer anteriores controversias internas; ojalá la Convención pueda lograrlo nuevamente, pero todo dependerá de ellos mismos.