Resurrección vindicando la fiscalidad reformista

Gran parte de la humanidad celebra hoy la resurrección de Jesús. Del latín resurgo, sinónimo de levantarse tras caer. Aplicable a personas, organizaciones y naciones. Para las naciones, la fiscalidad, normativas de cumplimiento para obligaciones fiscales, constituye nudo gordiano causante de caídas ante presencia persistente de déficits; y/o vía de resurgimiento para desatarlo mediante superávits.

Administraciones deficitarias impiden disponer recursos para invertirlos en procura de una economía satisfactoria de necesidades, función primordial de un Estado inspirado en el Bien Común, vía producción de bienes y servicios y generación de puestos de trabajo.

No producir implica exportar menos  e importar más; acarreándose otro déficit, el comercial, medido por la balanza de pagos. Sus Saldos negativos espolean devaluaciones y procesos inflacionarios.

No generar puestos de trabajo aumenta demanda de servicios sociales, consecuentemente de gastos, al Estado; y/o empujan personas a ilegalidades y delincuencia. Tras ello, inseguridad ciudadana.

La forma convencional de medir administraciones deficitarias es mediante porcentajes relacionados al PBI, abstracción susceptible a cuestionamientos. Por eso conviene relacionarla con otras variables validadas por la contabilidad fiscal, como los ingresos.

La fiscalidad dominicana se ha deteriorado de 1996 a la fecha. El pasado año, el gobierno gastó  RD$154,000 millones por encima sus ingresos ordinarios: Un 48%, 5.3 veces superior al déficit promedio 1997-2011 (9%); en circunstancias que los últimos años de administraciones reformistas arrojaron sobrantes de ingresos de 7% sobre gastos a pesar de innumerables obras construidas.

Nuestros déficits se han cubierto con financiamientos, incluyendo de nuestro sistema bancario, succionando y/o encareciendo posibilidades para actividades productivas. En 2012 el gobierno succionó más de lo prestado en agricultura y construcción, actividades altamente empleadoras de mano de obra. Más financiamientos implican más gastos por intereses. El pasado año se destinaron 18% de las recaudaciones al pago de intereses, casi cuatro veces lo destinado durante las administraciones reformistas.

El excesivo gasto gubernamental en intereses disminuye las inversiones en capital para fomentar producción y mejorar condiciones de vida. Diariamente se pagaron en 2012, RD$154 millones, equivalentes a la construcción de 100,000 viviendas de interés social.

Administraciones deficitarias transmite a la ciudadanía cultura de dispendio mediante consumo expresado en préstamos. El monto prestado para consumo  fue superior en  la sumatoria de lo prestado a agricultura, construcción y  microempresas.

Con razón rubros fundamentales para satisfacer necesidades – harinas, café, grasas, arroz, habichuelas, yuca, batata, carnes, yautía – disminuyeron. Y la balanza comercial cerró con 3,872 millones de dólares, excluyendo hidrocarburos.

Desatar el nudo gordiano amarrado con estos déficits constituye, pues, tarea urgente y prioritaria en procura del resurgimiento nacional.

Para ello resulta imperativo propiciar la reimposición de la fiscalidad reformista.