Retos presentes y futuros de la República Dominicana; Los   desafíos culturales de cara al siglo XXI

La República Dominicana, al decir de Don Américo Lugo, “no nació viable, murió asfixiada en la cuna”. Esto, que en su momento pudo haber sido una amarga salida del autor frente a la facilidad con que el ciudadano dominicano, desde el momento inicial de las circunstancias y los hechos que generaron en el yo colectivo, el concepto de pertenencia a una nacionalidad, ha hecho abstracción de la misma. Esta tradicional ambivalencia asumida por el ethoscultural y político de aquellos ciudadanos, debió de haber motivado aquella expresión como el resultado de una justa visión de nuestra realidad por parte de aquél firme e interrégimo intelectual, al haberse convertido en una dolorosa verdad axiomática que los dominicanos hemos venido generando, muy a nuestro pesar, desde el momento mismo de nuestra Independencia. Porque el despertar de nuestra realidad republicana no fue, bajo ningún concepto, un parto venturoso, ya que los hombres llamados a refrendar nuestra independencia, estuvieron desprovistos de todo asomo de fe que les permitiera alcanzar la materialización de los ideales sustentados por los hombres de Febrero.

Don Arturo Uslar Pietri, el gran escritor venezolano, estuvo bien atinado cuando dijo -con un dejo de amargura que trasciende pueblos, mares, y circunstancias-, que la dramática derrota de los ideales de libertad e independencia sostenidos por los libertadores de nuestra América pudo materializarse, porque una vez libertados de la férula de España, los hombres que asumieron el control fáctico de los países resultantes, fueron los antiguos ministeriales y capataces que estuvieron por años al servicio de aquellos españoles, a los cuales el ansia de libertad de los pueblos puso en fuga.

El caso dominicano es harto demostrativo, de cómo aquella verdad cuasi axiomática se cumple entre nosotros como un hecho preocupante, porque su reiterada manifestación a través del tiempo ha ido generando, alma adentro de los dominicanos, una dolorosa propensión al culto  de las políticas del dejar hacer y del dejar pasar, que nos han sido inculcadas a través de décadas por una clase dirigencial que, al estar desprovista de un pensamiento social e ideológico que le permitiera asumir la correcta dirección de la Nación dominicana, ha resuelto sumirla en la más profunda ignorancia, a lo fines de eternizarse en el disfrute de un poder que llegó a sus ávidas manos como una resultante de la más abyecta traición a la Patria.

Porque una vez producida la Independencia nuestros primeros padres fundadores, estos fueron desterrados a playas extranjeras, fusilados o hechos caer en el olvido, porque la nueva camada que los sustituyó al mando del proyecto independentista, con el patrocinio de España y de la Iglesia Católica de la época, carecían de ideales, de planes y de una visión que les permitiera sentar las bases para la creación de una Nación viable. Para ellos fue mucho más fácil inventarse un nuevo amo que les garantizara el disfrute de una vida lineal, al margen de la realidad que comenzaba a estremecer a los pueblos de esta parte del mundo, con el establecimiento de unidades fabriles, de grandes proyectos agrícolas, y con la habilitación de grandes puertos de embarque, a los fines de abocarse a la creación de una nación que les permitiera desarrollar sus aptitudes para la generación de riquezas a partir del establecimiento de sistemas competitivos, tal y como hubo de ser realizado en otras naciones del continente.

Esta negativa a avanzar hacia el futuro, determinó que la sociedad resultante estuviese signada por la incuria y por un analfabetismo de tanta incidencia, que eran pocos los ciudadanos que sabían leer y escribir lo que se reflejaba en la disminuida cantidad de intelectuales, de escritores, de críticos, de artistas, de teatristas, de músicos que producimos, porque estas son actividades liberales cuya existencia sólo es posible cuando el desarrollo de la actividad económica, permite el avance intelectual de los pueblos, el cual se produce a partir de la existencia de escuelas primarias, secundarias y de universidades, con maestros, profesores y catedráticos capaces de transmitirles a sus docentes los conocimientos que les permitirán a estos alumnos, ya convertido en hombres y mujeres formados a partir de sus enseñanzas, integrarse a la sociedad como entes multiplicativos del saber. Pero esto, que es materia de una  logicidad aplastante, no hubo de ocurrir jamás en Santo Domingo, porque desde los primeros momentos de la Colonia, como en los sucesivos regímenes que hubimos de padecer en rumbo hacia la proclamación de nuestras libertades, la aplastante permisividad de aquella clase dominante que nos gobernaba en agraz, hizo posible la intromisión de la Iglesia Católica en los actos decisorios del Estado, como fue el caso de la oposición sostenida por el Arzobispo Don Tomás de Portes e Infante, en contra del Padre de la Patria Juan Pablo Duarte, a quien llegó a excomulgar y hasta a maldecir por haberse negado a la incorporación de aquella naciente República al Reino de España, lo que habría de ocurrir 17 años después, con la promulgación por el General Pedro Santana y sus secuaces, de la Anexión a España, en 1861.

Uno de los más grandes crímenes que se le enrostra históricamente a la vecina Nación haitiana, es la de que al producirse la Invasión de 1822 sus tropas, desbordadas por el analfabetismo, cerraron la Universidad de Santo Domingo. Esto lo vinimos escuchando por años en la escuela primaria, en la secundaria y en nuestras universidades, hasta que un día nos dimos cuenta de que, si bien fue cierto que aquella Universidad fue cerrada a raíz de aquella malhadada ocupación, una vez proclamada nuestra Independencia, los dominicanos que nos comenzaron a gobernar, simplemente se olvidaron de su existencia, hasta que al producirse en 1861 la malhadada Anexión a España, aquel centro fue reabierto 17 años después de proclamada la Independencia, porque parece que aquellos antiguos gobernantes, en medio de su euforia libertaria, se olvidaron o hicieron caso omiso de su existencia.

Pero toda esta trama forma parte del gran sofisma en torno a los niveles intelectuales de los hombres que dirigían la cosa pública de entonces, ya que parece haber sido creado por unos hombres de mente calenturienta con el espíritu de un filme de ficción, en el que se veían pasar carrozas llenas de damas hermosas y de hombres atildados, universidades colmadas de estudiantes, fiestas inolvidables, momentos en que el hecho cultural, era el propiciador de los placeres más exquisitos, cuando es harto sabido que aquella sociedad era incapaz de generar ningún tipo de situación que propendiera al desarrollo de nada que no fuera la miseria, la incapacidad, y la indolencia.

Nosotros nos permitimos lanzar el guante en el rostro de cualquiera de los atildados, hermosos y, casi siempre, falsos historiadores decimonónicos que nos gastamos, para que rebatan estos señalamientos, pero esta oposición deberá de hacerse sobre la base de números, porcentajes y por realidades documentadas: ¿Cuáles fueron los aportes a las letras, a las artes, a la cultura en sentido general realizados por los intelectuales nacidos en la Colonia de Santo Domingo?, ¿cuántos libros de autores dominicanos se publicaron desde 1844 a 1861?. Desde 1865 al 1916, ¿cuáles fueron las leyes promulgadas en beneficio del desarrollo cultural en los períodos señalados precedentemente?, ¿cuál fue el ritmo de construcción de escuelas establecido por los gobiernos de los indicados períodos?, ¿cuál fue el aporte de los distintos gobiernos dominicanos, al proyecto educativo sustentado por el Maestro Eugenio María de Hostos?, ¿por Doña Salomé Ureña?, ¿cuál fue el número de escuelas construidas por el Estado Dominicano desde 1899 al 1916?, ¿construyeron aquellos gobiernos, más escuelas y centros educativos que los construidos durante la Ocupación Militar Norteamericana de 1916 al 1924?, ¿cuál fue el número de escuelas construidas por el gobierno dominicano bajo el Mandato de Horacio Vásquez?, ¿cuál fue el número de escuelas construidas durante los 32 años de gobierno tiránico de Rafael Trujillo?, ¿cuántos centros educativos han sido construidos por los gobiernos dominicanos desde 1961 hasta nuestros días?

También podríamos hacer extensivo este cuestionamiento para que se nos explique, si la escuela la constituyen el edificio, las aulas, las dependencias administrativas, o si por el contrario, la definición ideal de la escuela parte de un corpus ético vinculado íntimamente a la imagen y a la enseñanza impartida por los maestros. Las escuelas de Hostos, de Salomé, a más de l00 años de haber cerrado sus puertas, continúan irradiando la luz de la sabiduría y del entendimiento, en una sociedad que vive ávida de contemplar a sus ciudadanos convertidos en vectores del saber y de la enseñanza. Por eso ha alentado siempre entre los hombres la memoria de los grandes maestros, en Grecia, en Roma, en Francia, en Italia, en España, Inglaterra, Estados Unidos. Los dominicanos tuvimos el alto honor de que en nuestro suelo se naciera y se forjara uno de los Maestros más reputado de los tiempos modernos, un hombre modesto cuya sola riqueza la constituyó el saber, que prodigó a manos llenas sobre todos los pueblos de la tierra, Pedro Henríquez Ureña se llamaba y, todavía es uno de nuestros grandes ignorados. ¿Existe una Cátedra Pedro Henríquez Ureña, en alguna de nuestras universidades?

Estas reflexiones, que distan mucho de ser un grito lastimero, deben ser conceptualizadas más que como una rotunda clarinada, como un dramático llamamiento a los dominicanos de hoy y del futuro. Porque si bien es verdad que poseemos centenares de escuelas diseminadas al través de todo el país, estas deben cumplir su papel de ser generadoras del hecho cultural, desde las escuelas elementales, hasta las universidades. Que si bien es cierto que la Educación y la escuela deben de ser beneficiadas con el 4% del PIB, el Estado, la ciudadanía(padres, maestros y los mismos alumnos), deben coadyuvar en el trazado de un política que permita que esta ley surja de una estudio profundo de nuestra realidad, por ejemplo: ¿A quiénes incluimos en ella y a quienes excluimos de la misma?, ¿están comprendidos los Colegios Privados?, ¿será regulada la oferta de libros de textos, o simplemente se permitirá que la escogencia de los mismos, sea producto de una decisión mercantilista?, ¿debe el Estado Dominicano promover, patrocinar y sustentar una universidad como la Autónoma de Santo Domingo por sí solo?, ¿no sería más conveniente para dicho Alto Centro Educativo, que se establecieran niveles de controles sobre los ingresos económicos de los padres de los alumnos, lo cual sería determinado por los organismos impositivos del Estado, para que estos realizaran aportes económicos en beneficio de la Matrícula de sus hijos? Estando exceptuadas del cumplimiento de la misma aquellos estudiantes de origen humilde, que se destaquen por su aplicación al estudio de sus respectivas carreras.

Históricamente, los países hegemónicos interesados en la conquista de las naciones más débiles, siempre diseñan políticas tendentes a producir el atraso educacional de sus habitantes, distorsionando su condición de ciudadanos a partir del desmantelamiento de las instituciones sociales, culturales y económicas. Confundiendo los hechos que jalonan su historia, creando los nuevos héroes que han de sustituir los creadores de la nacionalidad, a los cuales, por demás, les van restando su condición humana, con la finalidad de que sean tan puros, tan limpios, y tan etéreos que ningún hombre de hoy, por ejemplo, estaría conforme con ser parangonado con ellos.

Por esas mismas razones, las fuerzas que amenazan con abalanzarse de manera definitiva contra nuestra Nación, eliminaron el ordenamiento social, al hacer total ablación del parque industrial heredado de Rafael Trujillo, quebrando el emporio azucarero del Estado, y todas sus otras industrias, llevando al pueblo a una situación de miseria tan absoluta, que ha hecho que millares de campesinos, cortadores, chiriperos y echa días, se aglomeren en torno a las ciudades, creando los inmensos cinturones de miseria. Autorizando la repartición de aquel patrimonio entre sus más conspicuos alabarderos, patrocinando la conformación y la consolidación de los Clanes de la Empresa Privada, sacralizando de igual manera a una serie de amanuenses que se han reproducido en cada uno de los momentos vergonzantes de nuestra historia, favoreciendo el control de la Nación por parte de España, Haití, Francia, España, o los Estados Unidos. Creando nuevos hechos históricos, con nuevos actores en desmedro de la realidad, dirigiendo de manera subliminal la quiebra de la escuela, porque los pueblos que carecen de educación son incapaces de forjarse su destino. ¿Por qué el Gobierno dominicano no regula el costo de la Educación privada?, ¿quién regula los subsidios que benefician a los Colegios sustentados por las Iglesias?, ¿es ético que las Iglesias, cualquiera sea su orientación de culto, posean políticas educativas sustentadas en el mercantilismo?, ¿por qué se suspendió la enseñanza de la Moral y Cívica en las escuelas dominicanas?, ¿por qué se patrocina la violencia en los medios de comunicación?, ¿por qué se ha diluido en el seno del hogar el respeto a nuestros padres? A la República Dominicana le resultará muy cuesta arriba, el realizar una reformulación del hecho cultural educativo, porque no son todos los que aceptan que bastaría con la asignación del 4% del PIB a favor de la educación, para poder rescatarla del desastre en que todos la tenemos sumida.

Pero no es hora de buscar a un culpable, para intentar señalarlo con nuestra mano descarnada, por eso estas reflexiones quieren ser la clarinada, el clamor, que dé inicio al momento esperado por todos nosotros, para llevar el pan de la enseñanza a todos y cada uno de nuestros niños y jóvenes de hoy, quienes indefectiblemente serán los hombres y las mujeres del mañana. Lanzando una Campaña de Alfabetización que permita la integración total al hecho cultural, de las grandes mayorías de este país, las cuales ascienden a más de un 13% de la población dominicana, como ya lo hicieron Cuba, igual que la República Bolivariana de Venezuela, o como un país de renta baja, como es el caso de Bolivia.

Pero para lograr esto, no sólo debemos contar con el deseo y la voluntad del pueblo, sino con la efectiva solidaridad del Presidente de la República, que ordene en consecuencia la participación de los Ministerios de: Educación, de Educación Superior, de Cultura y de las Fuerzas Armadas de la Nación, en el desarrollo de una política cultural tan ambiciosa. Solo de esta manera podríamos estar hablando con los pies sobre la tierra, del arranque de una nueva República Dominicana en la que sus ciudadanos podrían, aún en las más apartadas de sus comunidades, tener acceso al libro, a la cultura, al futuro. Porque solo aquellos pueblos cuyos ciudadanos tienen acceso a la cultura, son capaces de alcanzar las estrellas. Entonces, volvamos nuestros ojos a la condición de ciudadanos de la República Dominicana y luchemos prevalidos de la lógica, para que la Educación dominicana deje de ser un sueño, para convertirse en una realidad.

Yo sé que todo esto podrá ser muy hermoso y factible, más al igual que Don Américo Lugo, mi corazón rezuma un dolor inmenso ante la indiferencia de los hombres y las mujeres del País, de sus autoridades y de toda la sociedad dominicana en su conjunto. Y este dolor que me estremece la conciencia, no parte de una visión o experiencia subjetiva, sino de la descarnada experiencia vivida cuando, en mi condición de intelectual dominicano, entendí que todos los ciudadanos que de una ú otra manera habíamos sido bendecidos con el don de la palabra, deberíamos contraer un compromiso con los estudiantes de la Nación, a los fines de propender a aumentar su caudal de conocimientos. A tales efectos, el día 30 de Junio del 2011 nos permitimos dirigirnos a todos los intelectuales dominicanos, de la siguiente manera:

“Es en nombre del futuro de la República Dominicana que les dirijo estas palabras, con voz e intención cargadas de deseos y de esperanzas, por entender que frente al desastre palpable de la Educación dominicana, por la falta de presupuestos; por la deficiencia de planes educativos coherentes; por la mediocridad de sus objetivos; por la dejadez de los maestros; y por la desidia, el desorden y el poco interés manifestado por los estudiantes y sus padres, me propongo realizar la presente;

PROPUESTA 

1)      Los intelectuales dominicanos de las distintas áreas, debidamente nucleados en sus Academias, Universidades y Centros Educativos, deberán disponerse a participar en el presente Proyecto que busca coordinar con el Ministerio de Educación, la debida autorización para realizar a modo de ensayo en los Liceos Juan Pablo Duarte, y en el Liceo de Señoritas Salomé Ureña, de la mano de sus profesores titulares una serie de Cátedras Magistrales, con el propósito de tratar de elevar el acervo cultural de los educandos, impartiéndoles charlas de: geometría, matemáticas, historia, geografía, gramática, literatura, ciencias sociales, así como en torno a cualquier tema que pueda coadyuvar a la elevación de la calidad educacional de los jóvenes y adolescentes dominicanos.

2)      En caso de que lograra producir un estremecimiento en nuestro panorama educativo, este proyecto deberá ser llevado a otras escuelas de la capital y del interior del país, en un esfuerzo porque la educación pueda enrumbarse por los senderos de la modernidad.

Los intelectuales participantes en este programa no recibirán estipendios económicos de ningún tipo, entendiéndose que solo serán, además de transportados por disposición del Ministerio de Educación, tanto en la ciudad capital como hacia el interior del país, provistos de materiales, así como de personas que les servirán además de cómo  Edecanes y como sus asistentes de su seguridad.

3)      En todo el país se abrirá un registro que acogerá los nombres de los intelectuales que estén dispuestos a participar del programa en aras de propender a la plasmación de sus logros, los cuales deberán ser ampliamente publicitados por el Ministerio de Educación para que sirva de ejemplo a nuestra sociedad. Solo sirve, quien sirve. Súmate a través del E mail:  fjovinebermudez@hotmail.com”

Como ustedes comprenderán, no hubo ningún tipo de intelectual dominicano que se hiciera eco de la misma. Por eso, entiendo yo, hemos padecido tanta incuria y analfabetismo desde nuestros mismos orígenes.