Retroceso

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Si un parámetro de la inversión social se mantiene estático mientras los demás repuntan, en términos reales ese estancamiento equivale a un retroceso.

Desde este punto de vista, el estancamiento de la educación en un período de crecimiento de la economía, y con ésta del ingreso per cápita y el desarrollo humano, representa un penoso retroceso para un país que aspira a fortalecerse por medio del dominio del conocimiento.

Esta realidad está plasmada en el Informe Mundial sobre Desarrollo Humano presentado este jueves en Cape Town, Sudáfrica, en el cual se consignan las posiciones que corresponden a cada país en función del comportamiento de su inversión social.

Parece un contrasentido que mientras crece la economía y mejora el desarrollo humano por esa consecuencia, la inversión social en educación haya retrocedido en términos reales.

Esto es posible bajo ciertas condiciones, pero fundamentalmente en virtud de que en el caso de la República Dominicana, el crecimiento de la economía se ha fundamentado en patrones que no son los más recomendables para que haya una adecuada transferencia de progreso hacia la inversión social.

La razón del deterioro del nivel de educación obedece, según el estudio, a que se registró una disminución de la población adulta alfabetizada y disminuyó de manera significativa la matriculación en los tres niveles educativos fundamentales.

Estas mediciones demuestran que en nuestro caso no hemos hecho lo necesario para mejorar las condiciones de la educación en las áreas fundamentales y que las deficiencias estructurales continúan atascando el avance en términos de preparación.

-II-

No se ha logrado, ahora ni en años pasados cuando la economía alcanzó niveles ejemplares de crecimiento, articular un vínculo entre ese progreso y los parámetros sociales esenciales, determinantes para la formación y mejora de los activos humanos que son, a fin de cuentas, los sustentadores del progreso.

El problema, según sus características, requiere una solución integral, de manera que puedan ser atacados los males estructurales en todas sus vertientes.

Se requiere una inversión que permita adecuar la infraestructura, la formación de los profesores, el rendimiento en aula, disminuir la tasa de deserción en todos los niveles de escolaridad, bajar a cifras aceptables el ausentismo de profesores y estudiantes, así como lograr un aumento de las horas de clase.

Hay que empezar a readaptar la distribución del presupuesto general, de manera que las partidas consignadas para educación representen la proporción adecuada del Producto Interno Bruto.

Como se ve, son soluciones de carácter integral las que se necesitan para lograr que el estado de la educación se corresponda con el crecimiento de la economía y la mejora del desarrollo humano. Mientras persista el actual esquema de inversión no esperemos correlación óptima entre nuestro crecimiento económico y el impulso que merece el aspecto de la educación.

En un país que apuesta al dominio del conocimiento como impulsor del progreso, las mediciones del estudio que nos motiva representan un severo cuestionamiento que debe obligarnos a un cambio de estrategia.