Reverendo Pedro Ramón Gómez

El reverendo Pedro Ramón Gómez, fallecido este martes en la paz del Señor, fue un ejemplar padre de familia y un consagrado ministro del evangelio de Jesucristo.
En 1986 lo conocí.
Yo era miembro de la Policía Nacional y acababa de llegar a la capital trasladado desde Higüeral, batey en La Romana.
Como era su costumbre, se sentó para conocerme bien.
“¿Está estudiando?”
Fue tanto su estímulo que hice su misma carrera universitaria.
Él presentó ante el Señor a mis dos hijos y cuando uno de ellos enfermó estando yo fuera del país, él llegó a mi casa con uno de los médicos de su iglesia.
Cuando perdí mi trabajo en el 1996 a raíz del cambio político, el pastor Gómez conversó con una persona allegada a él e hizo que por más de seis años tuviera el empleo para granjear el pan de mi familia. Él no sólo me estimuló y me guió, sino que me dio la oportunidad de crecer y desarrollarme en la vida.
Le gustaba ver que las personas progresaran.
Firmó las primeras recomendaciones para mis credenciales como ministro dentro del Concilio Evangélico de las Asambleas de Dios.
Un ejemplo para todos fue el trato delicado y amoroso que siempre manifestó hacia su amada compañera, la hermana Blanca. Siempre juntos (murió en sus brazos).
Vivió luchando y trabajando.
Fue presidente de la Fundación Evangélica Universitaria y miembro de la dirección ejecutiva del Consejo de Unidad Evangélica (Codue).
También fue relacionador público, vice superintendente y director de educación de las Asambleas de Dios.
Fundò la Iglesia Asambleas de Dios de los Jardines del Norte, donde permaneció por más de 30 años.
Gómez era hombre entregado a los demás, de corazón tierno y de rostro siempre risueño.