Revertir violencia

Tanto el Gobierno como las autoridades deben prestar atención de manera muy concentrada a la ola de violencia que se ha desatado en el país en los últimos tiempos.

Estamos en vías de convertirnos en una nación donde lo que predomina es el pánico en los ciudadanos a causa de la inseguridad en las calles y por la forma tan liviana en que está siendo considerada la vida humana.

Hay una delincuencia baja, siniestra, malvada e inmisericorde cuyo pábulo es el deseo desbordado por conseguir cosas materiales, sin importar la forma ni los medios.

Lo más peligroso en todo esto es que, según lo apreciado, se sostiene gracias a que puede vulnerar la integridad de las mismas instituciones que tienen la gran responsabilidad de combatirla de manera implacable.

Esta violencia causa desfallecimiento en los dominicanos que tienen la incertidumbre de no estar seguros si al salir de sus casas podrán regresar sanos y salvos al seno de la familia.

En los países donde la violencia y la delincuencia se han adueñado del ambiente, las consecuencias han sido un golpe severo al desarrollo económico.

No se puede permitir que las andanzas de los malhechores dé muestra de una capacidad que esté por encima de la eficiencia y capacidad de las autoridades.

En esta nación deben coordinarse las acciones, los métodos y las estrategias entre las autoridades para evitar que la paz pública sea malograda por las andanzas de delincuentes que derraman sangre, violan propiedades y causan temor a los ciudadanos.