Revolución de los biocombustibles llega a la aviación

Revolución de los biocombustibles llega a la aviación

Por Mario Osava *
RÍO DE JANEIRO, nov (Tierramérica)
  El bioqueroseno tiene potencial para despegar en el mercado internacional a más velocidad que otros combustibles alternativos, aunque sea el más nuevo y el que enfrenta exigencias de calidad más extremas por destinarse a la aviación.

Los aviones tienen una vida útil de unos 30 a 40 años. Y sus fabricantes quieren asegurarles combustible hasta el final, explica a Tierramérica el ingeniero químico Expedito Parente, quien inventó hace casi tres décadas el biodiésel y el bioqueroseno, ambos refinados de plantas oleaginosas.

Antes de que los aviones nuevos sean desguazados, el petróleo puede desaparecer o costar demasiado para operaciones comerciales de gran consumo de combustible. Por eso no deberían faltar inversiones para desarrollar, perfeccionar y producir el queroseno vegetal, estimuladas también por la presión del cambio climático.

El auge de combustibles destilados de vegetales –maíz, caña de azúcar, palmas y soja, entre otros– obedece a que liberan menos gases de efecto invernadero que los derivados del petróleo, y al agotamiento cada vez más próximo de éstos.

El queroseno vegetal se está probando «en toda la cadena del transporte aéreo, incluyendo fabricantes de aviones, turbinas y accesorios y la red de distribución de combustibles aeronáuticos», informa Parente. En dos años debería ser confirmado como alternativa válida al queroseno del petróleo, prevé.

El proceso involucra a «todo el universo interesado», destaca y evita nombrar a la estadounidense Boeing, la mayor fabricante mundial de aviones que firmó un acuerdo de cooperación con Tecbio, la empresa que Parente fundó en 2001 para impulsar sus proyectos. «El convenio inicial fue ampliado a los demás actores», aclara.

Su énfasis responde a una visión que el científico y empresario explica con la didáctica del profesor universitario, ante la pregunta sobre el futuro comercial del bioqueroseno y la posibilidad de que enfrente barreras proteccionistas como las que traban las exportaciones del etanol brasileño a países industriales.

El etanol «tiene su propio mundo, el del transporte individual, de motores pequeños», el biodiésel se destina «al transporte colectivo, a motores y vehículos grandes como camiones, autobuses, tractores, trenes y navíos», y ambos se distinguen del bioqueroseno porque impulsan el transporte terrestre y marítimo, señaló.

A diferencia del biodiésel que se pretende para consumo local, aprovechando las materias primas del lugar, el bioqueroseno de aviación «tiene que ser internacional, compartido», de uso transfronterizo y ajeno a proteccionismos nacionales. Exige «trabajo en red», como se está haciendo con las pruebas, recalca.

Ese aspecto cooperativo también ayuda a acelerar su desarrollo. Además, la aviación no cuenta con la alternativa del motor eléctrico de la que disponen los vehículos terrestres, lo que obliga a concentrar esfuerzos en el bioqueroseno, acota.

Parente patentó sus dos innovaciones en 1980. Pero, por el largo tiempo sin uso, las patentes cayeron y el biodiésel y el bioqueroseno pasaron a ser de dominio público.

Ahora cobran fuerza por la amenaza del cambio climático. En Brasil el biodiésel sólo será mezclado obligatoriamente con el diésel petrolero a partir de enero, en la proporción de dos por ciento, con un rezago de tres años respecto de Europa.

Parente empezó a dedicarse a los biocombustibles a fines de los años 70, como profesor de la Universidad Federal de Ceará, en el Nordeste de Brasil y lejos de los centros dinámicos del país. Su sueño se frustró por el desinterés oficial en la producción de ese combustible y del bioqueroseno, probado con éxito en 1983 en un vuelo de casi mil kilómetros de un avión de fabricación nacional.

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