Riesgos para la alimentación

Riesgos para la alimentación

El suministro de carne de cerdo y de leche, fuentes de proteínas de origen animal de primer orden, está hoy enfrentado a súbitas dificultades por el ataque de una neumonía en zonas de producción porcina y una sensible pérdida de rentabilidad en la explotación ganadera porque se pasó a pagar menos por el suministro industrial.

Están en pie adversidades que pueden causar escasez y alzas en dos renglones básicos para la alimentación de los dominicanos y para el funcionamiento de las estructuras procesadoras y comerciales que les son afines y comprenden importantes capitales y recursos laborales.

Emerge como prioridad aislar territorialmente, para la asistencia veterinaria, las granjas infectadas por la mortal enfermedad.

Si la reducción del precio de la leche a nivel de fincas no cubre costos, como denuncian alarmados los dueños de hatos, la ruina les viene a quedar al doblar de la esquina.

Los renglones cárnicos y lácteos no deben ir a crisis en este momento de inflación importada, siendo que ambas ganaderías están protegidas con subsidios y preferencias en sus lugares de origen y sus exportaciones al país compiten deslealmente con la producción local por su mayor desarrollo y productividad, impidiendo la autosuficiencia, lo que a la larga encarece alimentos en este mercado y podría propiciar situaciones de crisis a medios de producción muy propios de este país, inseparables de su discurrir.

Un Gobierno para todos

El primer requisito para servir al Estado no debe ser la incondicionalidad de funcionarios al partido gobernante y menos que se pretenda que equis ministros barran las nóminas halladas para seguir alimentando una burocracia supernumeraria con oleadas de nuevos nombramientos.

El presidente Luis Abinader ha resistido con ecuanimidad las presiones propias del destructivo clientelismo. Asumió solemnemente el compromiso de gobernar para todos los dominicanos, como corresponde.

Sería justo que el gigantesco tren administrativo sea llevado a un tamaño razonable y que se prefiera que determinados puestos pasen a otra gente escogida por su demostrada competencia y no por su militancia política ni por el tráfico de influencias que tanto daño ha hecho a este país que merece librarse ya de principalías que vean al fisco en deuda con ellas.