Riesgos para la institucionalidad

Con recíprocas descalificaciones entre liderazgos cerrados a banda, el bifurcado Partido de la Liberación Dominicana se está llevando de encuentro la tranquilidad del pueblo dominicano, con efectos sobre el clima favorable a las inversiones y el discurrir empresarial que predominaba y con no pocas preocupaciones en ámbitos externos El desasosiego se debe en gran medida, y en adición a las discordias moradas, al propósito en marcha de reformar la Constitución a pesar de la diametral objeción de sectores sociales y políticos importantes que ha sido reflejada por varias encuestas recientes; además del rechazo de partidos políticos, desde mayoritarios a emergentes, y juristas representativos que expresan con alarma su preocupación porque se pretenda modificar la Carta Magna con empeño de restaurar la reelección y algún aspecto más para dorar la píldora.

Una acción unilateral más para negarle permanencia como virtud a la ley de leyes que con su arraigo debe fijar cauces a los actos jurídicos y garantizar las reglas de juego del sistema democrático. Inquietan las gestiones que entre bastidores buscan, a toda costa y precio, construir una mayoría constituyente mecánica sin la legitimidad de un consenso nacional, en augurio de más incesantes discordias políticas y cuestionamientos institucionales por la brusquedad de la alteración constitucional. Son horas, las de ahora, de temores a descarrilamientos.

La Villa atrapada en rutas cortadas

Desde Villa Isabela, Puerto Plata, ningún camino conduce a Roma y si lo hubiera faltarían cuatro puentes y carreteras para el viaje. El alcalde, Luis Morrobel, explica que su jurisdicción es cruzada por varios ríos y una buena comunicación terrestre con el resto del país sería imprescindible a la comunidad. El transporte de todo género, regional y nacional, preocupa más que la lejanía de la Ciudad Eterna.
Villa Isabela tiene otras carencias antológicas como si los problemas viales también le negaran acceso al progreso: una iglesia a medio hacer desde los tiempos de Balaguer, tres escuelas del ideal educativo que no han superado el ritual de los diseños, un sistema de riego que nada riega. Se vive allí sin mercado público, sin funeraria municipal y sin matadero municipal. ¿Vivir? Parecería que no.