Robos azotan entre tumbas

POR LLENNIS JIMÉNEZ
Poner puertas de acero que cada vez son mas gruesas y pesadas, romper los ataúdes antes de la sepultara y no dejar objetos llamativos dentro de los mausoleos son algunas de las tácticas que se adoptan para impedir los saqueos en las tumbas en el cementerio de la avenida Máximo Gómez, en Santo Domingo.

Los saqueos son atribuidos a la falta de vigilancia nocturna y además de que se carece de alumbrado.

Personas que trabajan en el cementerio y familias que han sido víctimas de estos saqueos aseguran que las puertas de acero de los panteones y los candados son destruidos por los violadores de tumbas para robar floreros, cuadros con imágenes religiosas u objetos metálicos, como los de bronce o aluminio.

A María Dolores Tejeda la lastima la idea de pensar que la osamenta de su padre Julio no podrá estar segura en Cementerio Nacional de la avenida Máximo Gómez. En un limitado espacio, rodeado de maleza y basura, la joven mujer intentaba ayer mejorar el nicho de la familia, con un entorno que luce abandonado y arrabalizado, casi sin espacio entre las tumbas.

Se quejó de que las autoridades municipales descuidaron el servicio de limpieza y vigilancia del que fue conocido como el Cementerio Nacional.

En el área del centro del cementerio, en las inmediaciones de la capilla, la limpieza luce bastante bien conducida, pero en la medida en que se aleja hacia los linderos, la basura y los abrojos predominan entre los pequeños espacios que hay entre las tumbas. En algunos lugares se construyen las tumbas en los pasos peatonales y en otros se acumula el agua de lluvias entre los pequeños trechos entre nichos, formando una pasta lamosa y maloliente.

Este descuido es perceptible incluso en los panteones de la Policía, los Bomberos y los peleteros. En la parte posterior de estos mausoleos hay amontonados cartones, plásticos, yerbas que alcanzan la altura de una persona, árboles, algunos de ellos secos, huellas de incendios y todo tipo de porquerías.

Estos contrastan con los panteones de las Fuerzas Armadas y el dedicado los mártires de las luchas contra la dictadura de Rafael Trujillo. En ambos hay ciertos niveles de limpieza.

El cementerio tiene el frente principal hacia la avenida Máximo Gómez, en el lado oeste. Su otra entrada está hacia el este, en la calle María Montez, mientras que al norte está limitado por la calle Pedro Livio Cedeño y al sur por la Américo Lugo.

A lo largo de la pared que linda con la Américo Lugo, hacia la esquina con la María Montes, está uno de los lugares más sucios. El hedor que se respira es una mezcla de desechos humanos: materias fecales y orina.

Según albañiles y personas que brinda servicios de limpieza particular, el problema radica en que el personal del Ayuntamiento no llega a los sitios donde abunda el sucio, sino que se concentra en las áreas cercanas a las cuatro puertas.

Pese a que la administración del síndico Roberto Salcedo informó que adiestraba un personal para la vigilancia de los cementerios, las personas que trabajan en el lugar ofreciendo sus servicios, afirman que la deficiencia en la seguridad persiste, así como la práctica de robar cadáveres para diversos usos.

Redactores de HOY, durante un recorrido ayer en el Cementerio Nacional de la Máximo Gómez, no vieron ningún vigilante o agente policial.

En cambio decenas de albañiles, asociados en un sindicato, acosaban a los que llegaban ofreciéndoles sus trabajos de pintura y reparación de las tumbas.

En este cementerio hay un personal de limpieza particular que cobra hasta RD$300 por asear un panteón.

Israel Féliz López indicó que las 64 zonas del cementerio están  bastante sucias, a excepción del frente. Consideró que aunque las puertas son cerradas a las 6:00 de la tarde, de noche los ladrones saltan las paredes para saquear las tumbas, mientras otros malhechores lo hacen para practicar sexo o dormir dentro de los mausoleos.

En los cementerios hay más trabajadores privados que personal municipal.

El costo para asear una tumba es cada vez más elevado. Rómulo Ramírez, de 73 años, se dedica a asear la tumba donde reposa la mayor parte de sus familiares de apellidos Nina Cabrera. Lo hace cada dos días y tarda una hora. Explicó que anteriormente sus hermanas pagaban la limpieza, pero ahora cuesta mucho.

María Antonia Román higieniza el lugar de descanso de su padre Zacarías todos los sábados. Lleva y trae todos los días el agua, escobas y todo cuanto necesita, debido a que si deja algún objeto abren la puerta y cargan con él.

El plomero José Sánchez indica que hay persona que tardan mucho tiempo sin ir al cementerio y cuando regresan tardan en poder ubicar a sus muertos, dada la cantidad de hierba y árboles que cubren los nichos.

Ramona Doñé acude todos los sábados al cementerio a retirar la basura de la tumba donde están sepultados su padre y sus dos hermanos. Indicó que su padre Francisco Doné fue asesinado dentro del cementerio de la Máximo Gómez.