Roma- Cuaro n: El México gris o la película que Nancy Pelosi nunca intentará explicar a Donald Trump

Yalitza Aparicio es la apuesta de Alfonso Cuaron, director de Roma (2018).

Una película es una historia, un punto de vista, en fin: una mirada.
Una mirada tiene asideros de historia, humanidad y circunstancia.
El acierto o no de una película, es el interés y la curiosidad analítica, como lo fresco del asombro, que causa esa mirada.

Cuando recordamos el cine del siglo XX, aquello que Cabrera Infante llamaba en el título de un libro de su autoría “el arte del siglo XX”, la sombra de la banalidad fílmica de parte del siglo XXI (cuando digo parte, que conste hablo de un aspecto) se impone con maquinarias comerciales y publicitarias que pretenden sepultar todos los aportes que muchas películas de hoy le deben al viejo cine clásico y sus grandes apellidos (Capra, Curtis, Chaplin, Hitchcock, Welles, Cukor, Reed, Preminger, Ford, Huston, Renoir, Tourneur, Rossellini, Dreyer y Bergman, Gordard entre otros). Roma (2018) es termómetro fílmico en estos días, porque ella es deudora también, su desafío cerrado en blanco negro, la delata…

1 / Todos los caminos de Alfonso Cuaron llegan a Roma… Dicho lo cual, se debe recordar a quienes Roma (2018) les aburre y “confunde”, que la autenticidad de un relato fílmico se mide por sus pretensiones posibles o imposibles y Roma de Alfonso Cuarón (Distrito Federal 1961) es como el tiro con arco de flecha, evita los vientos fatuos para ir al eje de su logro: centro de la diana en una realización impecable, inspirada y cargada de metáforas donde descubrimos desde el inicio dos Méxicos: el México marginal de toda la vida y el otro México de la clase media de una colonia (ensanche) famosa y centrada como un ícono urbano del Distrito Federal.. Luego de la revolución de 1910, y la fundación de lo que al final se llamó Partido Revolucionario Institucional -PRI-, el universo indígena agoniza entre el campo y la ciudad, en medio de más de 70 años de mentiras, jugadas politiqueras y caciques, azotes agrarios, Roma no evita aquellos senderos de desolación política y social, pero no panfletea, propone una acertada mirada íntima, sobre el destino de una mujer indígena mexicana, que como miles , trabaja en una casa de clase media.
Y a lo largo de todo el tranquilo desarrollo de la película, que como sinfonía escrita con sus detalles, sabe cuando sube la emoción y cuando no , el director con astucia, porque la rememoración espontánea así se lo demanda, paraleliza los dos conflictos el de Cleo (Yalitza Aparicio) y Sofia (Marina de Tavira).
Lo que aparenta un mundo social y “normal”, el afecto de Cleo por los niños de la familia donde trabaja, la histeria de Sofia en medio del bullicio familar, es el fondo el valor de un retrato de México que recuerda Cuarón y el que aún existe, es que el relato nos pauta expectativas en cada una de esas historias paralelas.
Nos acomodados al ambiente de la casa, nos preparamos para recibir los puntos de tensiones y sus soluciones, los quiebres emocionales, propios de una vida cotidiana donde el trabajo de Cleo, como toda la servidumbre doméstica en América Latina, no tiene fronteras como fuerza de trabajo material mezclado con el afecto irreversible de seres que vienen de una afectividad familiar pura, marca que la indigencia no desdibuja…
Ello explica en Roma (2018) de Alfonso Cuarón los toques recurrentes a nanas mixtecas (*): “Mi pequeña, pequeña dormilona.
Duerme mi pequeña, que la luna ya llegó.”…
Salpicada de estos detalles, Cuaron dibuja a Cleo (**) paso a paso a lo largo de dos horas y 15 minutos y ella nos guía hacia todos los bordes posibles del anuncio de una gran tragedia…
2 / Roma y el cine social mexicano. Transcurre el relato en el México que algunos hemos conocido y por eso Roma (2018), que no es una película lejana a la vieja tradición social del cine mexicano, desde Ismael Rodríguez (1917 – 2004), Luis Buñuel (1900 – 1983) hasta Luis Alcoriza (1918 – 1992), recordado por su famosa Mecánica Nacional, película producida justamente en 1971, uno de los años recreados por Alfonso Cuaron en Roma (2018). Repito, por eso Roma (2018) no deja de recordarnos que su director estudió en aquel Centro Universitario de Estudios Cinematográfico (CUEG / UNAM) aquella idea concebida por Manuel González Casanova hacia 1963, que pretendía formar un cineasta integral que no tuviera los flirteos de los chicos del Centro de Capacitación Cinematografía -CCC-, estos más pequeños burgueses. La lección de esta película, para quienes quieran llevar récord, es que la pasión creadora va más allá de lo esperado, porque el Cuarón de Hollywood, es el mismo que guardó el espacio posible para un reencuentro con su sensibilidad, su memoria y con México, memoria que no había perdido en otros ejercicios, Y tu mamá también (2001).
3 / Roma: Un festival de anticlimax para construir lo cotidiano. En su óptica femenina, que no feminista , opta por proponernos:
Conflicto Cleo
Conflicto Sofia
En esta construcción de la película Alfonso Cuaron no pretende engañar, sencillamente narra una historia administrando densidades humanas verosímiles, unas en un tono, otras en otros tonos, que casi se rozan, pero no hacen puentes.

Pero los conflictos de Cleo y Sofía, cada uno con historia de dolor y desprecio viajando en paralelo tienen en el mar un cierre de climax.
Pero antes, el director utiliza atinadas metáforas para el presagio y la desventura, para simbolizar núcleo familiar ante soledad y pérdida, maternidad luchada ante familia establecida, el inusitado consuelo de Cleo ante los avatares de su vida…

En uno de los anticlímax, cuando Cleo descubre que Fermin es un halcón (paramilitar o calié) es inevitable pensar que el director hace un homenaje al mayo del 68 mexicano, sangriento y sin mucha memoria hasta hace poco tiempo. Habían pasado dos años y aún se resentía aquel acontecimiento.
Los climax emocionales están rotos. La vida debe continuar, pero ni la propia condición femenina vinculada por pérdidas y dolor, construye los puentes para que dos formas de mirar a México se encuentren, cielo y tierra siguen en su lugar… Por el mosaico gris, más gris es el agua brillosa que rueda una vez más, en algún lugar del México de hoy la película Roma, de Alfonso Cuarón lo señala: nadie puede hacer encontrar esos universos (“estamos solas”, dice Sofía en el desvarío, pero cada pena sigue su lugar), al otro día el cielo es una larga escalera de hierro, para intentar vivir de nuevo en la Colonia Roma.
Mientras tanto, Nancy Pelosi se niega a contarle a Trump la película (CFE). Continuará…