Ron Paul

Leo Beato
Cuando Ron Paul me invitó a almorzar pensé que me iba a brindar una langosta al termidor y lo que me brindó fue un sandwich de maní con un té helado desabrido, aduciendo que él era vegetariano. Pero…¿quién es Ron Paul?

El problema es que a Ron Paul apenas lo conocen en su propia casa y que pertenece al Partido Republicano. Ha sido Representante por el estado de Texas en el Congreso por casi veinte años. Médico de profesión (obstetra) y candidato actual presidencial para este año. Da la impresión de que uno se encuentra ante un científico investigador disecando a un lagarto. Ron Paul se proyecta como un político constitucionalista estrictamente adherido a La Carta Magna de los Estados Unidos.

Ni taxes ni guerras ni Fondo Monetario ni Reserva Federal, con un retorno a una política monetaria tangible en el oro y la plata. ¿Político constitucionalista? Esto nos recuerda la Guerra de Abril del 65 y al presidente constitucionalista Francis Caamaño Deñó quien, mientras la prensa internacional lo acusaba de encabezar una revuelta, él se presentaba como la expresión viva del pueblo dominicano en busca del restablecimiento de su Constitución que había sido ilegalmente interrumpida.

Escuchemos ahora las palabras de Ron Paul en el Congreso Norteamericano. Leamos algunos extractos de sus discursos:

“El Poder Ejecutivo ha usurpado el poder que le otorga la Constitución, relegando al Congreso a un segundo plano. Nuestro actual presidente ha estado gobernando como un monarca, a través de órdenes ejecutivas sin apenas tener en cuenta al Congreso. Hemos estado a merced de los grandes intereses corporativos que son las que en realidad nos eligen y a los cuales tenemos  que rendirles pleitesía. Las guerras son provocadas por esos mismos intereses corporativos dominantes. Un ejemplo palpable ha sido la mal llamada Guerra contra el Terrorismo. Se nos ha enfrascado ilegalmente en una guerra sin sentido contra un país del tercer mundo a 6,000 millas de distancia sin que nuestro Congreso haya declarado explícitamente esa guerra. En el nombre de la democracia hemos traído destrucción y muerte a muchos lugares del mundo a través de muchas décadas.  Ahora pretendemos hacer lo mismo, una vez más, en Irán.