Roselló, Acevedo y Berríos van tras el poder

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POR CRISTINA MARRERO
SAN JUAN, Puerto Rico.- Dentro de poco los portorriqueños decidirán el futuro de la administración de este Estado Libre Asociado a través de las elecciones generales el martes 2 de noviembre en que escogerán un nuevo  gobernador, al tiempo  que en Estados Unidos  ese mismo día republicanos y demócratas medirán fuerzas.

En esta isla, estadistas, independentistas y estadolibristas –que se reparten el espectro partidario- podrían con su voto estar dando el primer paso hacia un Puerto Rico libre o entregado a la estadidad; o dejarlo exactamente como está:  Libre Asociado.

 Esa estrellita ausente en la bandera de los norteamericanos, que por años ha sido pena y gloria de un sector de esta sociedad.

De ahí  que estos últimos meses hayan sido de intensa campaña política.

Para un dominicano cualquiera, acostumbrado a los típicos procesos electorales llenos de temor ante el acecho  del fraude, imaginario o real,  la situación aquí pinta con menos sobresaltos.  Se respira un sentido de orden y transparencia, que aunque en ocasiones ha parecido amenazado vuelve rápidamente a la normalidad.  Y es que, bajo  la vista fija de los norteamericanos ¿quién se atreve?

Pero, eso no significa que las tensiones que generan las diferencias partidistas en esta isla no lleguen a lo más alto, o que la lucha hiriente entre candidatos, manifestándose a través de los medios de comunicación para presentarse como los más honestos  y mostrar a  algún adversario  como corrupto, no forme parte del juego en este país.

De hecho, aún no salgo de mi asombro, tras ver por televisión el último debate por la gobernación con los tres candidatos:  Pedro Rosselló, por el Partido Nuevo Progresista; Aníbal Acevedo Vilá, por el Partido Popular Democrático y Rubén Berríos, por el Partido Independentista Puertorriqueño.  Poco faltó para que, literalmente, se mentaran las madres.

Daba gusto ver, el “glamour” con que se decían barbaridades. Pareció un “dime y direte” de patio, pero reflejando bastante buena educación.  Se criticaron hasta los gestos y se burlaron abiertamente de las respuestas de sus competidores.

Debí suponer que no sería un debate soso, pues he visto cada anuncio correspondiente a las distintas campañas, y la verdad es que, lo que menos falta es entusiasmo.

Se han sacado todos lo trapitos al sol, como la acusación al ex gobernador Pedro Rosselló de mentir sobre unos veranos en que alegadamente trabajó, y que le permitieron cobrar el dinero de su retiro, tras 30 años de “labor”.

A través de la prensa se han ventilado las  supuestas pruebas de que en el primero de esos veranos estuvo jugando tenis en Estados Unidos, en el segundo participó en los Juegos Centroamericanos y del Caribe, y en el último estuvo haciendo la pre-médica en la Universidad de Harvard.

También le atacan por los actos de corrupción que se alega marcaron su gobierno finalizado hace cuatro años. Actualmente, más de dos docenas de sus funcionarios, están tras las rejas o en proceso judicial.

Rosselló, además se destaca por su hostilidad  hacia periodistas cuando lo enfrentan con preguntas “no claras”.  ¿A qué ex presidente dominicano nos recuerda?

Aún con toda esa campaña en su contra, las encuestas lo sitúan como uno de los favoritos.  Ya que, para muchos puertorriqueños, “no importa que robara, pues al menos había chavos (dinero)”.

Si esa forma de pensar logra llevar nuevamente a Rosselló a La Fortaleza (sede de la gobernación del estado libre asociado), para algunos analistas podría significar literalmente el desastre de Puerto Rico, ya que las condiciones de 1992 y 1996 han cambiado considerablemente, pues la prosperidad económica que caracterizó a Estados Unidos en los 90, y que permitió que los chelitos alcanzaran para llenar casi todos los bolsillos del gabinete político y además para repartir al pueblo, ya son historia.

Añaden que las manos de los federales del gobierno norteamericano   no estarían extendidas para él.  Y es que, ¿cómo podrá lidiar con una fiscalía federal que él mismo ha calificado de “perseguidores”?

También anunció recientemente el senador demócrata  Edward Kennedy que, “va a ser muy difícil que Rosselló trabaje con nosotros en asuntos referentes al congreso”.  Eso, después que el partido de Rosselló distorsionara el nombre e imagen  del reconocido congresista en un agresivo anuncio publicitario.

La principal amenaza de Rosselló es el candidato Aníbal  Acevedo, por el Partido Popular, al que le atribuyen  recibir US$20,000 en contribuciones para la campaña de un plebiscito llevado a cabo hace más de cinco años.

Acevedo asegura que se trataba de un reembolso de dinero que ya había gastado.

Tampoco ha ayudado mucho a Acevedo  ser  el candidato del partido que de momento ocupa La Fortaleza con la gobernadora Sila María Calderón, quien ha sido duramente criticada por supuesta ineptitud en el desempeño de su labor los últimos cuatro años.

Causó mucha controversia que la dama se divorciara y casara nuevamente en el período de su gobernación, pues para algunos “antepuso su vida personal al bienestar general”.

El último peldaño en la escala de simpatía lo ocupa el independentista Rubén Berríos, de quien dicen, lo único que hace es beneficiarse con los bonos electorales, en un juego parecido al de la sillita caliente, en el cual, se turnan los principales del partido como candidatos a la gobernación, para recibir el dinero correspondiente para la realización de su campaña .

En definitiva, tantas formas creativas para mostrar el lado oscuro de las alternativas permite dar la ilusión de que todas las cartas están sobre la mesa y la elección está en la conciencia y conveniencia de cada quien.  Hasta las plataformas políticas de cada partido aparecen analizadas en la prensa por expertos en la materia.

Finalmente, como dominicana puedo sentirme orgullosa de que nuestro país, también sea en algo modelo político para naciones  con más desarrollo económico, como Puerto Rico.  Y es que, la semana pasada transitaba por una de las avenidas principales de San Juan, donde se desarrollaba un “bandereo”.  Me detuve a escuchar el corillo y me causó impacto escuchar que cantaban a viva voz:  ¡E’ pa’ fuera que van!