Ruidos peligrosos

Ruidos peligrosos

Por: Julio Ravelo

La más de las veces el ruido resulta desagradable y molesto al oído. Claro que existen excepciones mencionamos: la sensación grata y de alegría que produce el trueno tras larga sequía, como hace algunos meses teníamos en nuestro país y en otros como Uruguay, México, Alemania, España, donde en algunos casos se ha tenido que racionalizar el agua para el riego y hasta para el uso humano. En particular los que cultivan y siembran la tierra se ilusionan, crecen las esperanzas ante la proximidad de las lluvias.

Otro caso digno de recordar, es el del paciente en paro cardíaco, con el que lucha desesperado el médico y luego de angustiosos momentos ve reconfortados sus esfuerzos, al escuchar de nuevo los ruidos cardíacos de su paciente.

Pero lo cierto, lo real es que el ruido es un fenómeno físico indeseable, molesto, que causa trastornos auditivos, que disminuye o elimina la capacidad de escuchar, pero además es capaz de producir problemas en la salud física y mental, sobre todo cuando la exposición al mismo es constante o de volumen elevado. Podemos precisar además que es un sonido inarticulado, sin armonía ni ritmo, desagradable, que ofende al oído, afecta nuestra salud y al medio ambiente.

Sabemos y lo confirma la OMS, que si supera los 70 decibeles durante un tiempo prolongado puede producir daños graves en el oído que por lo general son irreversibles.

Con la revolución industrial y el desarrollo de las grandes ciudades, el ruido pasó a ocupar la dimensión de un importante problema de Salud Pública. Lo cierto es que el problema no es nuevo. Ya en el viejo testamento se encuentran quejas por las molestias que causaba en Israel el martillo de las piedras de moler. Pero esos eran tiempos de grandes distancias entre países y zonas habitadas.

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En nuestro país, desde hablar en tono tan alto que a veces parecería que nos peleamos, cuando en realidad “conversamos”. Agreguemos el ruido de los motores calibrando, de los autos sin muffler, vendedores ambulantes en vehículos con bocinas que no respetan horarios y a nadie parecería importarle sus inoportunos anuncios en agresivos altavoces, construcciones que no respetan horarios ni reglamentos.

En las playas, bocinas que compiten una al lado de otros pequeños negocios que luchan por quien pone la música más alta, impidiendo el disfrute de escuchar las olas, sentir la brisa, disfrutar la tranquilidad de la naturaleza. Colmadones que olvidan la existencia de otras personas a su alrededor. Personas que se reúnen en “Teteo” sin pensar en la gente que viven en el entorno, niños y ancianos muy sensibles al ruido, o sencillamente ciudadanos que deben descansar porque al otro día deben trabajar.

Individuos que recorren la ciudad y los barrios con grandes bocinas, a todo volumen sin importarles hora del día o de la noche. Vecinos abusadores y desconsiderados que no respetan ni consideran a sus vecinos con música y ruidos insoportables.

De ninguna manera podemos olvidar los dañinos ruidos del tránsito vehicular, aéreo u otros vinculados a la actividad industrial: taladros, herramientas eléctricas, sierras, prensas, martillos, perforadoras.

Recordemos que los estímulos sonoros van del oído a la corteza cerebral, al sistema límbico hasta las vísceras, musculatura cardíaca, arteriolas periféricas, en fin, se afecta todo el organismo y su capacidad de respuesta.

La salud mental puede ser afectada de manera importante por niveles altos de ruidos: junto a la hipertensión arterial, enfermedades cardíacas, tenemos alteraciones psicopatológicas: inestabilidad emocional, irritabilidad, agresividad, falta de concentración, síntomas de ansiedad, disconfort, trastorno del sueño, estrés, baja concentración, escasa efectividad en el trabajo, desinterés, abulia, falta de iniciativa, afecta la lectura, el estudio, la atención.

Sugerencias

  • El Ministerio de Medio Ambiente debe intervenir para controlar el ruido en calles, negocios y empresas.
  • El 911 debe ser más rápido y efectivo al momento de recibir llamadas de ciudadanos desesperados por el ruido en su sector.
  • Solicitar a los programas: prensa escrita, radial y televisada, incluir en su programación entrevistas sobre el ruido, manejo y consecuencias.
  • El Congreso, las alcaldías deben tomar nota del asunto y reglamentar sobre el mismo.
    Muchos dicen: “Ese ruido me está volviendo loco”. Evitemos más dificultades a nuestro pueblo.

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