Sagaz en la política pero deprimente en la economía

La normalización de las decrecientes expectativas empiezan a definir la gestión de George Osborne, el ministro de hacienda británico. El gobierno, él insiste, tiene la mejor estrategia para lidiar con el tóxico legado que este heredó y el peligroso entorno económico que este afronta.

Dado esto, él sositene que  ha hecho lo que puede y ha presentado  un “Presupuesto para la gente que aspira trabajar duro y salir adelante”. La oposición, él insinúa, no sólo trajo ruina, sino que esta se refiere a los perezosos y complacientes.

La política parece sagaz. El impacto fiscal neto de este Presupuesto en el 2013-14 hasta el 2017-18, inclusive, es simplemente de £140 millones. Así que el Presupuesto es neutral, aunque esto es sólo cierto si asumimos que las medidas dirigidas a la evasión fiscal son exitosas y también si ignoramos el costo fuera del balance general de los programas “ayuda para comprar” y “construir para rentar”, los cuales ascienden a £5,085 millones desde el 2013-14 hasta el 2015-16.

Sin embargo, dentro de la apretada envoltura, el canciller tiene éxito en prestar favores a tres grupos centrales.

El primero son los negocios, por vía de una reducción adicional de un 1% de los impuestos corporativos, hasta un 20%, un subsidio de empleo de £2,000 en esquemas de seguros nacionales y de pequeños regímenes.

El segundo son los Demócratas Liberales, que obtienen un aumento en la asignación del impuesto de hasta £10,000 el año próximo.

El último grupo son la aspirante clase trabajadora y la clase media, cultivadas por Margaret Thatcher en la década de los 80, a las cuales él ofrece menores precios en la cerveza, y no menos importante, un esfuerzo para ayudar a la juventud en el negocio que los británicos más aman: la especulación inmobiliaria.

La economía es mucho más problemática, la cual, en el largo plazo, también puede determinar la política. El canciller no puede ocultar el hecho brutal que resulta de que  la actividad económica y las finanzas públicas estén cayendo aún más con relacón a  las expectativas con que él lanzó el programa del gobierno en el Presupuesto de emergencia de junio de 2010. 

Los recibos fiscales, como deprimentemente establece la Oficina para la Responsabilidad Presupuestaria (OBR, por sus siglas en inglés), se prevé que sean más débiles en los próximos años de lo que se esperaba en diciembre.

 “Como resultado, el financiamiento neto del sector público será ampliamente estable en alrededor de los £120 millardos del año pasado. Seguirá así este año, al igual que el próximo, después de ajustarse por las recientes decisiones políticas con un efecto temporal sobre el déficit titular, denota la OBR.

Sobre las mismas bases, el financiamiento neto fue de 7.8% del producto interno bruto en el 2012-13, y ahora se pronostica en 7.5% en el 2013-14 y un 6.5% el año próximo. Estas cifras son un 0.2%, un 0.6% y un 0.7% del producto interno bruto que en el pronóstico de diciembre.

Mucho peor, de vuelta a junio de 2010, los pronósticos fueron por 5.5% del producto interno bruto en el 2012-13, un 3.5% este año y un 2.1% en el 2014-15. La deuda neta se pronostica que llegue a un pico de 85.6% del producto interno bruto en el 2016-17. Retornando a junio de 2010,  se pronosticó que llegaría a un 70.3% del PIB este año. La diferencia es enorme.

La pregunta mayor es si la política del gobierno puede acelerar el crecimiento económico del corto al mediano plazo. Si es así, sería enormemente bienvenido.

La OBR pronostica un crecimiento de sólo un 0.6% este año, un 1.8% en el 2014 y un 2.3% en el 2015. Estas proyecciones para el 2013 y el 2014 son sustancialmente peores que las del pasado diciembre. El crecimiento es, una vez más, un lío mañana, pero nunca un lío hoy. Incluso para el 2017, el PIB sería de un simple 10.8% por encima de los niveles del 2011. El déficit de la producción, una medida de la capacidad de reserva, sería de 2.3% del PIB, sólo un poco por debajo del 3.7% del año próximo.

El canciller enfatizó que “nuestro plan económico combina el activismo monetario con la responsabilidad fiscal y la reforma del suministro indirecto”. Si somos optimistas, podríamos argumentar que algunas de las medidas podrían crear contribuciones marginales hasta el último de estos. Pero el centro de la estrategia de crecimiento para el mediano plazo descansa en los elementos fiscales y monetarios.

Un cambio potencialmente significativo podría estar en el mandato del Comité de Política Monetaria del Banco de Inglaterra. El gobierno solicita fijar “claramente las ventajas y desventajas que ha llegado la hora de decidir cuánto tiempo será antes que la inflación retorne al objetivo”.

Además, “el nuevo mandato reconoce que el Comité de Política Monetaria puede necesitar usar instrumentos poco convencionales de la política monetaria para apoyar la economía mientras mantiene estable la inflación.

 Y pone en claro que el Comité puede querer emitir directrices explícitas adicionales, incluyendo intermediar los umbrales a fines de influenciar las expectativas en la trayectoria futura de las tasas de interés”.

Este es un llamado para Mark Carney, próximo gobernador del Banco, para que venga al rescate. ¿Puede el Banco acceder? La contracción obvia es el detonador de la inflación, reforzada por el pesimismo en el suministro potencial. Cuanto más restringido esté el suministro, menor será el espacio para maniobrar. Ciertamente, el dinamismo del empleo es consistente con el pesimismo del suministro.

Sin embargo, la opinión de que nada puede hacerse es peligrosamente exagerada. El pesimismo de la OBR sobre el crecimiento del suministro potencial es, como esta misma escribe, “consistente con la opinión de que el sistema financiero continuará afectado por cierto tiempo y que el persistentemente negativo déficit de la producción por sí mismo pesará sobre el potencial del PIB”.

Pero ni siquiera estas restricciones son dadas. Si el sistema financiero está deteriorado cinco años después de la peor de las crisis, mientras la producción está por debajo del potencial, algo debe hacerse para activar ambas restricciones, y de manera urgente.

El caso para asegurar las funciones del sistema financiero de manera adecuada es sin duda abrumador.

No menos importantes son las medidas que generan la demanda, mientras se expande el suministro. No obstante, los recortes propuestos en el impuesto corporativo motivarán la retención de ganancias corporativas, no una inversión más alta.

De manera similar, el enfoque sobre la responsabilidad del balance general del sector público ignora la oportunidad de extender los activos a través de una inversión pública más alta.

En los pronósticos de la OBR, lo anterior se proyecta que aumentará sólo un 2.6% este año, un 5% en el 2014 y un simple 1.8% en el 2015. El Presupuesto prescribe que aumentará el gasto de capital, pero por £3 millardos al año, o un 0.2% del PIB desde 2015-16. Lo deseable sería hacer mucho más.

La estrategia del gobierno es bastante clara. Desafortunadamente, está funcionando muy lentamente, en gran parte porque la economía está floja. Este triste hecho, en cambio, ha creado un debate sobre si las restricciones son principalmente sobre el suministro o la demanda.

La respuesta intelectual debe ser: una combinación de los dos. Pero la respuesta política es: afrontar el suministro y la demanda simultáneamente. Esto requiere un rango de reformas dirigidas a promover la inversión pública y privada, incluyendo una más rápida reestructuración del sector financiero.

El fracaso del Presupuesto es simple: este no hará mucha diferencia. Eso no es suficientemente bueno. Se necesita un mayor radicalismo.