Salir de los circuitos cerrados

Nietzsche, el complejo filósofo alemán, nacido  en la misma fecha de nuestra independencia, 1844,  como todo pensador honesto y atormentado por las densas sombras que cubren las bases del conocimiento humano, se dice, se desdice,  se hunde en los marasmos de las incógnitas  y, en  angustiosa persecución de la imposible verdad original.  No obstante, un notable pensador, psicólogo y filósofo alemán, Alexander Pfänder, conocido especialmente por su Lógica, estima que existe en Nietzsche  una unidad perfecta en su pensamiento evolutivo, un sistema que engloba sus momentos anteriores. Es que todo se mueve y, por supuesto, también se mueve el pensamiento honesto. Si el humano tiene interés en progresar, en avanzar hacia conductas más virtuosas, cambia de ruta valoratoria y accional.   Ahora mismo no recuerdo si fue el Dante en su Commedia u Horacio en una de sus Odas que decía: “Quando nel mio giovenile errore io era un altro uom de quel ch’io sono“ (cuando en mi juvenil error yo era otro hombre del que soy).

Cuando Nietzsche filosofaba sobre el eterno retorno y nos afirma que “el mundo es un círculo que se ha repetido infinidad de veces y seguirá repitiéndose infinitamente“, estaba remodelando una idea de los antiguos griegos, quienes pensaron que el cosmos está regido por un tiempo circular.

Yo creo que nada vuelve al mismo punto donde estuvo, aunque exista una realidad repetitiva que no podemos soslayar ni negar.

Hace pocos días, una dama que ronda los noventa años de espléndida lucidez, me contaba su asombro al estar releyendo ahora atentamente y paso a paso la Biblia  y encontrar tantas y tantas repeticiones de las mismas conductas humanas, la misma gran maldad, la misma disposición egoísta  que continuamente encontramos relatadas en los primeros libros del Antiguo Testamento. Y se preguntaba si no vivimos en un círculo del cual no es posible escapar.

Lo del movimiento circular lo creo cierto. La ciencia moderna, la anonadante física cuántica y las demostraciones que ya se ven, lo demuestran. Pero hay una realidad: Nada vuelve al mismo punto donde estaba. Nada es igual.

Aunque nuestros congresistas -salvando diferencias, que las hay- vendan su conciencia y violen sus compromisos con sus representados como en otros tiempos en que, entre simulados bostezos apáticos levantaban la mano y decían: “corroboro“… no son idénticos a los de antaño.

La historia se repite…si la dejamos propiciando igualdades -como afirmaba Toynbee- pero no es necesariamente así, lo cual me recuerda al personaje de Sporting Life en la ópera Porgy and Bess de Gershwin cuando, cantando pícaramente relatos bíblicos como la historia de que  Jonás  vivió tres días en el vientre de una ballena, comentaba el cantor que “no fue necesariamente as퓠 (“it ain´t necessarily so“. 

Pues muchas cosas no son “necessarily so“.  No necesariamente como lucen, como se dice que son. Tienen secretos. Pero podemos estar seguros de que nuestro mundo político, como el mundo político mundial, no puede evitar moverse, hacia bien o hacia mal. Pero nunca hacia algo idéntico a lo que había.

Vendrán cambios. Confiemos en que sean para bien.