Salud mental y seguridad social: nuevos desafíos

Salud mental y seguridad social: nuevos desafíos

José Miguel Gómez

La seguridad social en República Dominicana nació riesgosa, vulnerable y ausente de compromiso. Al trabajador después que se jubila le despojan del seguro médico; cuando decide buscar el poco dinero que por años ahorro se la ponen en China para entregarlo, y, después, resulta que lo ahorrado es insuficiente, pírrico y desequilibrado.

Los jubilados en su mayoría no pueden comprar una casa, acumular para ahorrar o tener activos para responder como adulto mayor. Para mal, padecen de varias enfermedades catastróficas no trasmisibles: hipertensión, diabetes, artritis, corazón, cáncer, bipolaridad o esquizofrenia, demencia o Parkinson etc. El coste de una enfermedad crónica triplica el ingreso de la pensión.

Al final de los años; después de haber trabajado y cotizado se vive la agonía existencial del viacrucis del desamparo social: hospitales en carencia, medicamentos por las nubes, la vivienda y la comida cara, sin ley que proteja al adulto mayor.

Esa calamidad, representa un impacto directo en el estado de bienestar, representando riesgo en la salud mental: depresión, insomnio, ansiedad, trastorno psicosomático, desesperanza, ideas suicidas, soledad y baja autoestima.

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La salud mental tiene como desafío cuidar y proteger a las personas y a los más vulnerables a tener acceso a servicios de calidad y calidez; al bienestar social, emocional y espiritual. Por décadas las personas se enfocan en trabajar, ahorrar, cuidar familia, pagan sus impuestos, contribuir con su país y tratar de cumplir las normas de un buen ciudadano.

Le corresponde al Estado y a la seguridad social proporcionar la protección, la dignidad, el reconocimiento a las personas que pusieron su dinero en fondos de pensiones.

En los países organizados las personas viven tranquilas con su jubilación o su retiro en adultez. El Estado y las leyes le protegen con salud, descuento para medicina, teatro, cine, transporte, comida, ahorros, impuestos, enfermedad catastrófica, asistencia social, y acompañamiento y amparo por contribuir a la riqueza y desarrollo de la sociedad.

Pero el riesgo va creciendo, aun nada se ha evaluado, la administradora de los fondos de pensiones es insensible y desapegada al sentir social colectivo. Su función es ganar, acumular y distribuir mal; dicen que hasta lo malo Dios lo ve. Literalmente son “sordos, mudos y ciegos”.

La salud mental de los dominicanos está en riesgo, el desafío es buscar respuestas en la prevención para que menos personas se enfermen, puedan trabajar, desarrollarse y vivir hacia la conquista del bienestar y la felicidad.

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El sobrevivir, el luchismo, el existir dentro de la agonía de servicios precarios, la inseguridad ciudadana, la inflación, los ruidos, los accidentes, la corrupción, leyes que no se cumplen y el riesgo de no saber qué va a pasar en la seguridad social, son desafíos que predicen mayor problema en la salud mental.

El mundo ha cambiado, la tecnología, la inteligencia artificial, el consumo, la inequidad, los liderazgos comprometidos y la economía del bienestar. Todo apunta a que somos las personas que debemos exigir colectiva e individualmente qué sociedades nos merecemos. El desafío lo estamos viviendo, pero falta el compromiso para lograrlo.

La seguridad social garantiza parte de la salud mental. El Estado se transciende y el presidente, si se logran las modificaciones a la ley general de salud, al sistema de seguridad social y al bienestar de los dominicanos en el presente y para el futuro.

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