¡Salud,brindemos por los zapatos!

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En los pies se encuentra casi el 25 por ciento de los huesos del esqueleto humano. Poseen miles de terminaciones nerviosas que tienen su reflejo en otras zonas, por lo cual los cuidados y condiciones que le prohijemos  o cualquier alteración en su morfología se manifiestan en el estado general del organismo.

Por Sarah Pérez 
Pese a la inseguridad en torno a la fecha  exacta del nacimiento del calzado, su importancia para los seres  humanos no admite dudas: proteger los pies de las irregularidades del terreno, golpes, suciedad, humedad, frío, etc.,  y de paso el resto del cuerpo, del cual son el sostén.

En los pies se encuentra casi el 25 por ciento de los huesos del esqueleto humano.

Poseen miles de terminaciones nerviosas que tienen su reflejo en otras zonas; por lo cual los cuidados y condiciones que le prohijemos  o cualquier alteración en su morfología se manifiestan en el estado general del organismo.

Pasar un día normal caminando somete a nuestros pies a un esfuerzo equivalente a cargar cientos de toneladas, situación que los hace susceptibles a más daños que ninguna otra parte del cuerpo y de ahí la necesidad de protegerlos y calzarlos de forma adecuada Según Maurizio Confalonieri, en su libro “Lo Sé Todo”, las personas promedio dan entre los 8,000 y 10,000 pasos al día, lo que nos da una idea  de la carga de estrés a la cual los pies están sometidos y las atenciones  que requieren.

EVOLUCIÓN

 El calzado fue evolucionando a la par con la especie humana, para lo cual se le fueron adicionando funciones diferentes a las de protección y aislamiento (que le dieron origen),  como son la social y la estética.   El Renacimiento, un período de cambios políticos, sociales e intelectuales, propicia una variación definitiva en la forma del calzado.  Otro evento que impacta en la evolución del calzado es la Revolución Industrial, donde se impone el uso de nuevos materiales para su elaboración y se comienza a producir en forma masiva;  se crean modelos de diferentes tipos, formas y texturas,  acordes con las distintas actividades de la época.  A partir de ahí el calzado comienza a reflejar las influencias estéticas y sociales del momento.

CALZADOS DE TACÓN ALTO Y PUNTA FINA

 El doctor Antonio Luaces Durán, jefe del Servicio de Ortopedia y Traumatología del Hospital Calixto García, en Cuba,  afirma que el abuso en el uso de zapatos de tacón alto conlleva a la elevación del talón y  provoca una deformidad de la bóveda plantar, un acortamiento de los músculos gemelos de las pantorrillas y sobrecarga de los huesos de los dedos de los pies o cabezas metatarsianas. El pie adquiere forma de garra, pierde estabilidad  y se puede producir un aumento de la curvatura fisiológica de la columna lumbar y favorecer la aparición de lumbalgias. Según el doctor Luaces, el  uso frecuente de zapatos de punta muy fina origina un desequilibrio en  nuestros pies: el dedo gordo sale hacia fuera  y el cuarto y quinto se tuercen hacia dentro. Todos los dedos se deforman, pero el que sufre más graves consecuencias es el gordo: se luxa hacia fuera, se desplazan los tendones y en la cabeza del metatarsiano aparece el juanete o hallux valgus.

También considera que el tacón más adecuado es ancho y no más alto de 5 centímetros, con talón rígido y acolchado, para evitar deformaciones en la bóveda de la planta del pie y acortamiento de los gemelos.

Para combatir los efectos del abusivo uso de zapatos de tacones altos recomienda a las mujeres limitar el tiempo en que los llevan, alternándolos con zapatillas deportivas o con zapatos planos.

El especialista también considera conveniente  utilizar más de un par de zapatos de forma habitual y explica que “si sólo se usa un par, el calzado no “respirarᔠbien, lo que provocará sudoración,  rozaduras, ampollas u otras alteraciones, que pueden degenerar en lesiones en las articulaciones superiores del aparato locomotor (rodillas, caderas y columna).

  ELIJA SUS ZAPATOS CON LOS PIES, NO CON LA VISTA

Historias como la de “La Cenicienta” hacen pensar a muchas mujeres, quizás de manera inconsciente, que el calzado puede cambiar sus vidas; por eso no lo eligen con los pies, sino con la vista.

A la hora de comprar sus zapatos no olvide que:

n Para cada edad y etapa de desarrollo, terreno y situación, problema y época del año, actividad y estilo de vida, existe un calzado indicado. De su correcta elección depende, además de la salud de los pies, la armonía de todo el cuerpo.

n El calzado adecuado debe  permitirle deambular de forma correcta  y no debe impedir el desarrollo del pie, ni la movilización del tobillo. Para ello ha de respetar los cambios de volumen del pié que se producen en la marcha, con la carga y descarga y la movilidad de los dedos.

n El momento idóneo para probarse el calzado es durante las  últimas horas del día, cuando los pies están hinchados, para estar seguros de que luego no nos apretarán. Es conveniente probarse los zapatos, en ambos pies, pues uno suele ser un poco más grande que el otro.

n El calzado no debe obstaculizar la circulación arterial y venosa y es preferible que esté fabricado de piel flexible, que absorba el sudor, o de tejidos suaves y transpirables, que resulte  cómodo, ni demasiado alto ni demasiado bajo.

n No debe comprar zapatos que necesiten un tiempo para “ceder”, los zapatos deben ser cómodos inmediatamente.

n Aunque en muchas ocasiones la moda y la confortabilidad están reñidas, por la salud de sus pies es necesario encontrar el punto de equilibro entre ambas.

UN CALZADO INADECUADO CAUSA ESTRAGOS EN SUS PIES

No todas las patologías que afectan  los pies se producen de  forma exclusiva por el  uso de un calzado inadecuado, pero este hecho tiene una gran cuota de responsabilidad en el surgimiento y evolución de muchas de ellas.  Veamos algunos ejemplos:

 CALLOSIDADES: Son endurecimientos de la epidermis o capa externa de la piel, que suelen formarse en zonas que sufren una presión o fricción externa constante. En los pies se producen por el uso de un calzado  muy ajustado.  Aunque siempre son benignas, resultan molestas y a veces dolorosas. Sin embargo, se pueden formar profundas úlceras debajo de las durezas, en el caso de un paciente con pérdida de sensibilidad en la piel, a causa de una diabetes mellitus.

DEDOS EN GARRA O MARTILLO: Desviación de los dedos segundo, tercero y cuarto de los pies, en sentido longitudinal o lateral. Además de la deformación se siente dolor en la articulación interfalángica y en el extremo del dedo, como signo acompañante de callosidades en la piel.  Aunque puede tener un origen congénito, muchas veces es la secuela que deja un calzado muy apretado.

JUANETES: Denominados científicamente Hallux Valgus (hallux, dedo; y valgu, hacia fuera), constituyen una angulación lateral del dedo gordo al nivel de la articulación metatarso-falángica. Generalmente hay un engrosamiento del lado interno de la cabeza del primer metatarsiano, junto con la formación de una bolsa serosa y la piel cubierta por un callo en esta área.  Producen dolor por  la inflamación de la bolsa serosa y por la presión del zapato. Pueden degenerar en artritis aguda por un mecanismo de roce continuado e incluso en infecciones en el hueso.

METATARSALGIAS: Es la inflamación de la cabeza de los metatarsianos y se produce por diversas causas, entre ellas la excesiva presión durante un largo período de tiempo, situación que se presenta cuando usamos un calzado inapropiado: muy apretado o de tacones demasiado elevados.

HIPERQUERATOSIS:  Conocidas por durezas, consisten en el engrosamiento de la piel, compuesto por células muertas, queratinizadas, descamadas, impactadas y distorsionadas en zonas de  fuerte roce, fricción o presión.  Las zonas de más frecuente aparición es la planta de los pies.

INFLAMACIONES DEL TENDÓN DE AQUILES: A causa del roce que ocasiona un zapato apretado.  Se manifiesta por dolores a nivel de gemelos y en  las rodillas.

SESAMOIDITIS: Inflamación de los huesos sesamoideos pequeños situados debajo de la cabeza del primer metatarsiano, que juegan un papel importante en el desarrollo de la función del pie en la marcha, sobre todo en la fase de propulsión o despegue del suelo, en la que se soporta todo el peso del individuo en esta zona.

EL CALZADO PARA LOS NIÑOS
Nuestros pies no están configurados al nacer y sus arcos comienzan a percibirse cuando el niño comienza a erguirse, a causa de los esfuerzos que conlleva caminar y soportar el peso del cuerpo. Durante los primeros años de vida los pies se encuentran en pleno proceso de formación y constituyen una estructura muy flexible, por lo que cualquier tensión anormal ejercida sobre ellos puede ocasionar consecuencias negativas.

En los niños, el uso de un calzado adecuado tiene una importancia especial, ya que aquellos llevan una vida muy activa (corren, saltan, juegan) y sus pies están en crecimiento.  De ahí la importancia de tener en cuenta estas recomendaciones al comprarles los zapatos:

Mida los dos pies del niño cuando esté parado y si hay uno ligeramente más grande que el otro elija los zapatos que queden mejor al pie de mayor tamaño.

Compruebe que los zapatos tengan un contrafuerte (material rígido a los lados del talón) firme, estén debidamente acolchados y adecuados. Deben ser lo suficientemente flexibles para doblarse donde se dobla el pie  (en la parte anterior del pie, no en el centro del zapato).

Verifique que haya  una media pulgada de espacio (el ancho de un pulgar) entre la punta de los dedos y el final del zapato, para que el niño pueda  mover los dedos cómodamente cuando esté calzado.

Haga que el niño camine por la tienda más de un par de minutos,  llevando el zapato con unas medias normales.  Pregúntele si nota algún punto de presión en el zapato.

Pase la mano por el interior del zapato para verificar si hay  irregularidades que pudieran causar irritaciones. Fíjese en dónde tocan el pie las costuras interiores. Busque señales de irritación en el pie después de llevar el zapato.

Verifique que los zapatos no queden sueltos en el talón. Los niños con tendencia al esguince de tobillo tendrán menos problemas con zapatos de tobillo alto o botas.