Salvajismo salvaje

La sociedad dominicana se encuentra sombríamente abatida y consternada ante las reiteradas muestras de un salvajismo que amenaza su propia supervivencia, cada vez viene siendo “más alto, más rápido y más fuerte.” Urge salir de esta horrible pesadilla. Alentar un espíritu de confraternidad, de mayor entendimiento, comprensión y tolerancia. Un compromiso institucional realmente preocupado porque cese este estado de cosas que socava las bases de la convivencia pacífica, civilizada y el futuro inmediato de la nación. Desea hechos o noticias gratas como la condena de un criminal, el rescate de Bahía de las Águilas, la real protección de los parques nacionales, que no quede en la inauguración de aulas y planteles escolares, remodelación de hospitales, aumento salarial a cuchi mil militares y policías, visitas sorpresas y la sonrisa ingenua, con sabor a triunfo, del Señor Presidente de la República, costeando la promoción de su candidatura con fondos públicos, en publicidad y despampanantes caravanas que recorren el país de punta a punta rodeadas de falsa alegría, difícil de igualar por los demás candidatos.
Qué ha pasado con “lo que nunca se ha hecho” y debe hacerse sin pérdida de tiempo, antes de que sea demasiado tarde. Hasta cuándo puede permitirse que el miedo, la indolencia o la incapacidad arrastre a la sociedad a los niveles de impotencia, tolerancia y degradación moral que amenaza su propia destrucción, convertido el cuerpo político en un amasijo sin voluntad, sin capacidad siquiera de intentar lo imposible (que está en sus manos) para evitar la degeneración y desvergüenza de esta democracia impúdica, esta violencia salvaje maldita, generalizada, que nos destruye.
La muerte alevosa y cobarde de un ciudadano honorable, de un servidor público ejemplar, que deja en orfandad a su familia ha convulsionado la conciencia nacional y particularmente a la UASD indignada, reclamando justicia. Aguarda que la Fiscalía Nacional aporte las pruebas que dice tener suficientes para condenar al presunto asesino, hombre poderoso, y sus sicarios. un rosario de cuentas a rastras. Lo realmente preocupante es la demostrada indiferencia y complicidad de los poderes del Estado y del gobierno ante la crecida oleada de crímenes, de hechos vandálicos y su impunidad.
Una avezada dirigente política frente al cadáver del Maestro, Lic. Mateo Aquino Febrillet, ex Rector de la UASD, candidato a la Senaduría de San Cristóbal, hombre de sanos principios y grandes virtudes, vilmente asesinado, comentaba: “Estaremos así mientras el Pueblo quiera.” Nada puede esperarse del Gobierno ni de la Justicia, como de los políticos que apañan estas cosas sosteniendo pésimas candidaturas. Podría argumentase que “la situación inhumana que vive la colectividad justifica su miedo, su aceptación pasiva del yugo, casi gozosa del sufrimiento y abyección que padece.”

Entretanto, ¿Que hará el PRM, se jugará una carta reivindicativa o esperará paciente el resultado de las elecciones hasta que la justicia decida? La sociedad está ciertamente avergonzada y adolorida. Quiere justicia sin componendas. Quiere saber hasta dónde debe esperar. Quiere conocer su destino.