Salvemos a Juan Dolio

LUIS EMILIO MONTALVO ARZENO
Recuerdo los días últimos de diciembre del 2006, ¡apenas hace 3 meses!

Cuando los vecinos de la playa de Juan Dolio veíamos el gigantesco y maravilloso espectáculo de cómo se convertía nuestra deteriorada playa en aquella extensión de arena como una plaza blanca, volviendo a ser de nuevo lo que era en la década del 60 y del 70 cuando llegaron muchos de los que presenciaban los trabajos de ingeniería marítima. A mí me tocó llegar en el 1982 cuando era todavía playa virgen e inmensa con apenas aisladas residencias veraniegas.

En aquel 30 y 31 de diciembre todos celebrábamos la magnífica iniciativa de nuestro activo Ministro de Turismo, Felucho Jiménez, en alianza estratégica con el sector hotelero de la zona. Por fin, Juan Dolio recobraba vida, se sentía el bullicio de gente, los hoteles llenos de turistas, y los bienes y raíces y las construcciones se reactivaban.

Algunos nos acercamos a los ingenieros cubanos y holandeses que supervisan la obra para manifestarles nuestras inquietudes sobre la obra que se realizaba. Nos intranquilizaba a todos que la garantía del trabajo fuera de sólo  seis años, pero sobre todo contemplábamos con preocupación que el trabajo se limitaba a destruir espigones y meter arena traída desde las cercanías de Isla Catalina. Les explicamos que la playa empezó a deteriorarse por la erosión a raíz de la destrucción de la barrera de coral que protegía, obra emprendida de forma irresponsable por algunas familias propietarias de viviendas que lo único que les interesaba era buscarle salida a sus botes de pesca y recreo.

Esa destrucción de la barrera natural trastornó las corrientes marinas a través de los “boquetes” derribados con dinamita. Además de que algunos se convirtieron en una zona de influencia de corrientes encontradas que llevó a la muerte a muchos bañistas que no supieron manejar esa situación.

Por todo lo anterior insistíamos con los ingenieros sobre la necesidad de reconstruir esa barrera de coral natural en los lugares donde habían sido destruidas, además de destruir espigones y reponer la arena.

Hasta un turista canadiense que rondaba por la zona y que era geólogo marino de profesión y de larga experiencia en la reconstrucción de costas erosionadas en su país, nos explicaba a algunos sobre la urgencia de reconstruir la barrera de coral.

Sin embargo, los ingenieros cubanos y holandeses lo único que decían era que iba a monitorear esos “boquetes”, pero que nos los iban a reparar “por ahora” y que no era necesario. A todos nos parecía una barbaridad no escuchar la voz de la experiencia de los que vivimos ese lento proceso de erosión, con conocimiento pleno de la causa que lo generó.

Ahora resulta que el 1 de abril del 2007 me encontraba en Juan Dolio disfrutando de mi casa de veraneo y pude apreciar cómo se viene formando un brusco escalón en la franja que va desde el inicio del Proyecto Palmas de Mar hasta el inicio de la Casa de la Presidencia de la República. Ya el mar se ha robado toda la arena que corresponde a ese escalón y así veremos cómo se formarán nuevos escalones cada vez más pronunciados y el mar se irá acercando nuevamente a la costa, pero esta vez más rápido que antes.

¿Qué irá a suceder cuando en la próxima época de huracanes el mal tiempo empiece a calentar el brazo con los primeros cicloncitos de práctica?.

Todo esto será así en el supuesto de que la autoridades de turismo y el sector privado turístico de la zona no les hale las greñas a los tercos ingenieros que de manera prepotente no hacían caso a la voz de la experiencia que conocíamos esa playa como nuestro patio por más de 25 años algunos y otros por más de 40. Por favor, reclamemos a tiempo antes de que sea tarde ¡Salvemos a Juan Dolio!