Santo Domingo: una gran oda a la luna

La ciudad era una isla. El cielo parecía confabular contra nosotros y, como si hubiese decidido sepultarnos, la lluvia anegaba todas calles y nosotros intentábamos llegar a salvo del diluvio.

Fue entonces cuando caí. En medio del tapón, y con un carro que casi me choca y me hizo girar un poco hacia la derecha, caí de golpe y porrazo en un hoyo que está ubicado en la Tiradentes, entre la Frank Félix Miranda y 27 de Febrero.

Como resultado de ese infortunio he tenido que cambiar un par de piezas de mi carro, algo que es tan incómodo como indignante: ¿por qué uno tiene que gastar tiempo y dinero en reparar algo que nunca debió dañarse?

Con calles y avenidas llenas de cráteres, Santo Domingo parecería rendirle honor a la mismísima luna. Y todo porque ni el ayuntamiento ni el gobierno tienen como parte de su política darle mantenimiento a las vías. 

Esta situación también afecta a muchas comunidades del interior. Algunas, incluso, se han alzado en reclamo de que les arreglen las carreteras de acceso, los caminos vecinales y las calles. Pero no. Obras Públicas acusa a la oposición, promete que haría y de ahí no pasa.

Mientras aparece el dinero para aumentar la nómina de la Corporación Dominicana de Empresas Eléctricas Estatales que, por demás, debe tanto a las generadoras que estamos a las puertas de nuevos apagones financieros.

Pero también vemos que se remodelan bibliotecas, se reacondicionan secretarías y se inicia la construcción de corredores que son indispensables para agilizar el tránsito pero podrían esperar un poquito. Aquí, la verdad, no conocemos la palabra prioridad.