Satanás ¿adversario, entrenador, o coach?

(A la memoria de Pile Tejada, cuidador celoso de la integridad de sus amigos).

Entre mis compañeros de Sociología, en la Católica de Chile,  discutíamos acerca de por qué Dios nos había expuesto al pecado original, que tantos trastornos nos traía.  Fue Hernán quien dijo algo que nunca, hasta hace poco, empecé a comprender: “Bendito sea el pecado original porque nos permite ser hombres”. Lo recuerdo a propósito de ciertas experiencias no muy gratas, que ponen constantemente a prueba nuestra fe y nuestra obediencia. 

He intentado desde hace varios meses reunirme con algunos “adversadores”, a los cuales no les supongo ser sicarios morales, ni estar padeciendo problemas mentales o espirituales, sino que, involuntariamente, han sido inducidos a error. He invitado reiteradamente a algunos a dilucidar, civilizadamente, los temas y asuntos, al menos aparentes, de su preocupación.

Esas personas no pueden, tal vez,  ni siquiera suponer que terminan haciéndonos un favor. Porque nos hacen cuidar con mayor esmero nuestro trabajo de encuestadores, y nos recuerdan las limitaciones que tenemos como personas, cosa muy saludable para mantenernos humildes, y controlar nuestro ego,  en riesgo de inflarse, precisamente por la inmerecida notoriedad que esos frecuentes infundios provocan.

Yo no había entendido el comentario de Hernán, en el sentido de que la sola posibilidad de cometer pecado nos obliga a estar atentos;  o cómo el haberlo cometido nos permite aprender a no volver a hacerlo, cuando uno entiende y se compromete a seguir el camino correcto. Que siempre será arduo y minado de riesgos de caer de nuevo. Paradójicamente, tan útiles a Dios resultan el pecado original y Satanás, (aun éste proponiéndose lo contrario), que para un creyente viene  a ser  una especie de entrenador, muy rudo por cierto; especialmente con los novatos en cuestiones de lucha espiritual, masacrando a muchos  tanto física como moralmente (Efesios 6.12).

Los que sobreviven, por el contrario, quedan fortalecidos. Eso lo sabe todo atleta, especialmente aquellos que han tenido lecciones de artes marciales.   Así, al cabo, Satanás ayuda a desarrollar determinadas virtudes que el Señor quiere fortalecer en nosotros. El diablo suele utilizar a personas inocentes y buenas, como también a gentes descarriadas, para que evidenciarnos aquellos errores y debilidades que los buenos amigos no notan, o simplemente callan. El diablo en eso no pierde tiempo, pero guerra avisada no mata, sin defenderse, al soldado. Gracias, pues, Señor por utilizar hasta a nuestros adversarios para advertirnos, corregirnos y ejercitarnos. A menudo lo más difícil suele ser obligarnos a nosotros mismos a no sentir rencor, y a orar por esas personas. En eso quiere fortalecernos el Señor. Dios bendiga y convenza de pecado y de juicio a los que aún no se convencen de que él es cierto y leal. Y los gane para Su Causa Salvadora, independientemente de cuáles sean sus presentes motivos.