Se inicia el nuevo año (Con perdón de Ana Mitila)

Se inicia el nuevo año (Con perdón de Ana Mitila)

Pongámonos los zapatos, la camisa listada,
el traje azul aunque ya brillen los codos,
pongámonos los fuegos de bengala y de
artificio,
pongámonos vino y cerveza entre el cuello
y los pies,
porque debidamente debemos celebrar
este número inmenso que costó tanto
tiempo,
tantos años y días en paquetes,
tantas horas, tantos millones de minutos,
vamos a celebrar esta inauguración.

Desembotellemos todas las alegrías
resguardadas
y busquemos alguna novia perdida
que acepte una festiva dentellada.
Hoy es. Hoy ha llegado. Pisamos el tapiz
del interrogativo milenio. El corazón, la
almendra
de la época creciente, la uva definitiva
irá depositándose en nosotros,
y será la verdad tan esperada.

Mientras tanto una hoja del follaje
acrecienta el comienzo de la edad:
rama por rama se cruzará el ramaje,
hoja por hoja subirán los días
y fruto a fruto llegará la paz:
el árbol de la dicha se prepara
desde la encarnizada raíz que sobrevive
buscando el agua, la verdad, la vida.

Hoy es hoy. Ha llegado este mañana
preparado por mucha oscuridad:
no sabemos si es claro todavía
este mundo recién inaugurado:
lo aclararemos, lo oscureceremos
hasta que sea dorado y quemado
como los granos duros del maíz:
a cada uno, a los recién nacidos,
a los sobrevivientes, a los ciegos,
a los mudos, a mancos y cojos,
para que vean y para que hablen,
para que sobrevivan y recorran,
para que agarren la futura fruta
del reino actual que dejamos abierto
tanto al explorador como a la reina,
tanto al interrogante cosmonauta
como al agricultor tradicional,
a las abejas que llegan ahora
para participar en la colmena
y sobre todo a los pueblos recientes,
a los pueblos crecientes desde ahora
con las nuevas banderas que nacieron
en cada gota de sangre o sudor.

Hoy es hoy y ayer se fue, no hay duda.

Hoy es también mañana, y yo me fui
con algún año frío que se fue,
se fue conmigo y me llevó aquel año.

De esto no cabe duda. Mi osamenta
consistió, a veces, en palabras duras
como huesos al aire y a la lluvia,
y pude celebrar lo que sucede
dejando en vez de canto o testimonio
un porfiado esqueleto de palabras. Celebración, Pablo Neruda
A pesar de que en mi planificación interna tenía pensado dedicar de manera consecutiva varios artículos al excelente libro de Ana Mitila, no puedo dejar pasar por alto que ya inició el año 2019, aunque este artículo lo escribo unos días antes.
Lo he dicho, lo he escrito también. Soy de la lejana generación de los años 50 del siglo XX, que soñó con un mundo diferente. Y, parafraseando la canción que ha popularizado la cantante Ana Belén, me duele profundamente ver el resultado. Llenos de cosas, es cierto; de nuevas tecnologías que sorprende al más difícil de los incrédulos, también es cierto. El hedonismo y la exhibición gratuita del cuerpo han sometido, sobrecogido y pateado al pudor. Ironías, en África el cuerpo humano está al descubierto porque no tienen cómo cubrirlo.
Finalizo este año como inicié la Navidad: con ambigüedad y sentimientos encontrados. Cansada me siento del uso comercial, político y banal.
Me duele hasta lo más profundo de mi alma, la hipocresía de la Navidad. ¿Se han dado cuenta? De repente, y por obra del espíritu navideño, nos volvemos nuevos y buenos; somos capaces de demostrar amor, tolerancia y solidaridad con los otros. Pero no nos engañemos es solo por un mes al año; el resto del tiempo, los 11 meses restantes, volvemos a ser los de siempre: seres egoístas, ambiciosos y atropellantes.
Escribo estas notas rápidas de este Encuentro que saldrá publicado al inicio del 2019, con la aprehensión de que ya vienen los abrazos no sentidos, ofrecidos gratuitamente al calor de una vorágine social. Ya vienen las felicitaciones impuestas por la llegada del nuevo año.
¿Qué espero de este 2019? Antes soñaba, y me aferraba al convencimiento de que el bien triunfaría en la sociedad. Ya tengo dudas profundas. Donald Trump seguirá siendo el presidente de los Estados Unidos, atropellando con palabras y hechos a los migrantes, a los que no piensan como él. Aquí seguirá y se ahondará la lucha entre Danilo y Leonel. El primero seguirá jugando a la reelección y el segundo a que debe complacer el reclamo popular. La oposición sin fortalecerse y sin un discurso duro y coherente, favorece a los que están en el poder. Y seguirá prevaleciendo la ambición del TENER a cualquier precio. El abandono de la ética y el pudor, para seguir exhibiendo cuerpos fabricados.
En lo personal creo que me gané el derecho a no soñar. A no planificar. A vivir los días como lleguen. Me gané el momento del estar, de la contemplación, de la cotidianidad no planificada, del tiempo sin horas. Y como me decía mi querida amiga Luisa Carolina: pasar el día sin presiones, sin dudas ni desafíos ni temores. ¿Saben por qué? Porque lo gané con el simple hecho de haber vivido más de seis décadas. Entonces me he ganado el derecho de andar más despacio, con mis propios mimos, consintiéndome y protegiendo mis espacios como si fueran fortalezas.
Decidí vivir el 2019 con más ligereza de equipaje. No quiero anidar en mi alma nada que la afecte. Borraré aquellas frases mal dichas por alguien que quizás no aquilató cuánto me dolían. Elegiré los recuerdos felices, aún de los que partieron para la otra casa, la de la vida eterna. Seleccionaré de mi pasado los pasajes sin lágrimas, porque aquellos que me hicieron sufrir ya templaron mi espíritu y no los necesito. Espero vivir los días del 2019, aceptando el designio divino.

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