Se nos agota el tiempo

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Los logros iniciales que alcanzamos mediante la discusión e implementación del Pacto Nacional para la Reforma Educativa nos hicieron pensar que nos estábamos colocando en la ruta de hacer realidad nuestro sueño de poner al alcance de la mayoría una educación pertinente y de calidad. Creíamos que con una inversión en ese sector de un 4% del PIB lo habríamos de lograr, y que los conflictos entre los principales actores del sistema de instrucción pública con las autoridades del gobierno de turno ya eran cosas del pasado. Pero, lamentablemente no ha sido así. El modelo de reforma que hemos venido desarrollando provoca algunos que otros desequilibrios que obstaculizan los esfuerzos de alcanzar objetivos tan laudables como el de elevar la calidad de la enseñanza y el de aumentar la igualdad de las oportunidades educativas. Es tiempo de reflexionar sobre el presente y futuro de la escuela dominicana con miras a entrever los escenarios socio-económico posibles y de saber con cuáles problemas habremos de enfrentarnos en lo inmediato o en un futuro cercano. Nos toca preguntarnos, si el elevar la calidad de la educación resulta o no compactible con la igualdad de oportunidades a la sombra de una economía neoliberal. La velocidad de los cambios y de crecimiento constante en el dominio tecnológico internacional nos plantea nuevos retos en la búsqueda de elementos que nos permitan llegar a una dinámica concertación entre los distintos actores de nuestro sistema de instrucción pública. Urge el que ampliemos y consolidemos los espacios de formación y circulación del conocimiento a modo de encontrar articulaciones pertinentes entre tales procesos y el estado y tamaño de nuestra economía.

Pero, por el momento, no disponemos de recursos económicos suficientes ni de dominio tecnológico para enfrentar tales retos, por lo que nos vemos obligados a realizar una serie de reestructuraciones y de ajustes que, en medio de un mar de incomprensiones y de intolerancia, podrían poner en peligro la viabilidad de nuestros sanos propósitos.

¿Cómo habremos de enfrentar el reto de trasformar nuestras escuelas públicas en comunidades de aprendizaje, única forma de hacer que la República Dominicana disponga de aquí a unos cuantos años de una razonable capacidad científica y tecnológica?

A los 81 años la actriz italiana Sophia Loren permanece todavía activa sin pensar en retirarse de los escenarios. Aconseja tomar la vida en serio “acostumbrándose a las cosas nuevas y tratar de estar siempre viviendo en un mundo que le pertenece, aunque tengas que aprender muchas cosas más”. Estas palabras fueron pronunciadas por ella en la ciudad de Nueva York, el lunes 12 de octubre, fecha en que la organización Americans For Arts la honrara en su ceremonia de entrega de los National Arts Awards.

Las personas que entradas en edad que todavía ejercen el oficio de enseñar podrían empoderarse de lo dicho por la famosa actriz del cine.

El contenido del Pacto Nacional para la Reforma Educativa sólo abarca aquellos planteamientos en los cuales todos estuvimos de acuerdo. En las mesas de discusiones del mencionado acuerdo no logramos unificar los diferentes puntos de vista en torno a cómo desarrollar el proyecto de formación y capacitación de maestros. El tiempo se nos agota. Debemos cuanto antes retomar la discusión alrededor de un tema tan importante como ése. Debemos, más que evocar viejos tiempos, tener presente que el hecho de que “la calidad de la educación de un país no es superior a la calidad de su profesorado”. De ahí, la prioridad que la gran mayoría de las reformas educativas se le otorga al fortalecimiento de la profesión docente. También debemos tomar muy en consideración que el entorno socio-económico del sistema dominicano de instrucción pública ha experimentado cambios extraordinarios de los tipos más diversos y probablemente todavía puedan producirse otros de grandes dimensiones. Aquí ya nadie puede imponerse sobre los otros. Proyecto no consensuado, tarde o temprano, va a parar sin pena ni gloria a los archivos de los Ministerios.