Secuelas del temblor

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Durante algún tiempo vivirá la isla con los fantasmas suscitados por el temblor. En la parte oeste de la isla, por supuesto, las apariciones responderán al cruento desenlace y a los inconmensurables daños dejados por ese fenómeno natural. Entre los dominicanos viviremos por el dolor ajeno que no sufrimos pero que sabemos pende como espada sobre el país. Porque geólogos y sismólogos se han ocupado de recordar que el territorio se asienta sobre capas terrestres en proceso de acoplamiento.

Tengo un amigo que compró departamento en un edificio en el cual se estableció un área de estacionamiento vehicular en la primera planta. Gruesas columnas se levantan en espacio abierto y ellas y las vigas sobresalen en el lugar. Mi amigo contemplaba esa estructura cada día desde que los promotores del edificio le entregaron su casa. No me atrevo a asegurarlo, pues nunca lo vi y he obviado preguntarle, pero es probable que estuviera merodeando mientras el edificio se construía. Hace pocas horas, sin embargo, me informó que está inclinado a vender.

Horas antes, un ingeniero afirmó en un programa de televisión que los edificios con este espacio abierto pueden resquebrajarse en un temblor fuerte. Mi amigo sabrá que hablo por él, y por otros como él, al escribir estas líneas. Lo hago porque deseo que los expertos no alarmen a la población. Después de todo, en muchos edificios con esas características, y en torres erigidas en Santo Domingo, el movimiento telúrico se sintió muy tenuemente.

Me pregunto, además, cuál es la diferencia estructural entre un edificio de este tipo y otro con estacionamientos en el subsuelo. ¿Las paredes cubiertas con bloques de cemento? ¿Acaso esas paredes son calculadas para resistir peso más allá del propio de los bloques? Vigas y columnas son concebidas y calculadas con diseño para resistir los pisos a construirse encima. Conviene, por consiguiente que abandonemos prácticas de difusión de informaciones que tienden a alarmar al vulgo.

Las construcciones en el país son relativamente seguras. El ingeniero Rafael Pujols me ha dicho que, por diversas razones, los calculistas dominicanos sobredimensionan los niveles de resistencia. No lo hacen porque piensen en temblores, sino porque procuran que las obras sean estructuras firmes. Por supuesto, al otro lado de éstas se encuentran las edificaciones ilegales, que no siempre acogen normas técnicas. Tales estructuras podrían fallar en caso de que ocurriese un movimiento telúrico de gran magnitud. Mas no debe afirmarse, tajantemente, que pueda ocurrir un derrumbe en las edificaciones ilegales.

La disposición recomendable es la de recuperar el tono de vida que prevaleció hasta el martes 12. Aún los técnicos de mayor competencia deben contribuir a la recuperación emocional de cuantos alteran sus ritmos de vida ante sucesos como el de Haití. Es evidente que el dolor del vecino atañe al dominicano. Empero, debemos cuidarnos de propalar especulaciones que hemos de poner en manos de Dios.