Según CESFRONT, la frontera está sellada

Desde el año pasado, cuando se le preguntaba al comandante del Cuerpo Especializado en Seguridad Fronteriza Terrestre (CESFRONT), sobre la frontera, éste manifestaba que la misma estaba sellada y que no existían graves problemas en su delimitación, ya que la vigilancia estaba asegurada por helicópteros, vehículos de asalto, drones y patrullaje en la línea fronteriza que incluía barricadas en los lugares estratégicos, de lo cual se derivaba que no había conflictos limítrofes entre ambos países.
Ahora resulta, que un titular de primera plana publicado en este diario el día 18 de marzo según el cual: “Haitianos tomaron terrenos en Cachimán, Elías Piña; RD trata de recuperarlos”, esto al parecer, demuestra negligencia o desatención en el cumplimiento de sus deberes y obligaciones, ya que los haitianos han ocupado unos terrenos de la parte dominicana, en donde han construido un campo para jugar fútbol, otro para beisbol y lo más insólito, un cementerio en donde ya hay sepultados decenas de ciudadanos del vecino país. ¿Cómo es posible que haya ocurrido este grado de filtración si no es con el consentimiento o la aquiescencia de los llamados a cuidar nuestra frontera?
En cuanto al cementerio clandestino ya conteniendo varias decenas de cadáveres, ¿Cómo se operará la repatriación de los allí sepultados? Entendemos que será una labor muy tétrica a menos que se opere el statu quo y el Estado dominicano permita que los familiares de los allí enterrados puedan cruzar libremente para honrar y venerar a sus difuntos. Para haberse enterrado tantos restos humanos a la luz del día, los militares debieron haber confundido la línea fronteriza, de lo contrario deben de ser reos de drásticas sanciones, ya que “el que calla otorga”, o lo que es igual, fueron enterrados con el consentimiento de los miembros del Cesfront.
En Dominicana, se está tratando de construir una verja perimetral de aproximadamente tres kilómetros para proteger las oficinas de Aduanas y Migración y los haitianos se han opuesto tajantemente, al extremo que perpetraron un enfrentamiento entre civiles haitianos armados de piedras y militares dominicanos, con el saldo de un muerto y varios heridos. Sin embargo, después de investigados los hechos, el ministro de Defensa, teniente general
Rubén Darío Paulino Sem, manifestó que los agentes “hicieron su trabajo al defender nuestra soberanía y respondieron como los estaban atacando”.
Aunque aparentemente el Gobierno haitiano ha reconocido el territorio como nuestro, es evidente que el mismo no tiene control sobre estas masas depauperadas y ávidas de traspasar la frontera con la esperanza de que del otro lado las cosas marchan mejor y pueden tratar de ganarse el pan de cada día. Por eso, pacíficamente y con la complicidad de militares que reciben coimas por hacerse la vista gorda, penetran al territorio dominicano. Cuando son detenidos y repatriados, al otro día están de nuevo en el país que ellos denominan “la dominicanie”.
Cuando existió la Comisión del Café, con equipos propios se estaba construyendo el camino vecinal Mencía-Aguas Negras en la provincia de Pedernales y el Secretario de Estado de Agricultura envió una comisión para supervigilar dicha obra. La misma estaba compuesta por: ingeniero Raúl “Chilín” González Pons, agrónomo Roberto Castillo, licenciado Jorge Curiel, el conductor del vehículo apodado Palo Verde y nosotros. Terminada la inspección, notamos que el caliche blanco de la capa de rodamiento había penetrado dentro del vehículo y teníamos todos el rostro mortecino como consecuencia del polvo que invadió la carrocería. Le pedí a Palo Verde que se detuviese frente al río que íbamos bordeando y el ingeniero González y nosotros nos desvestimos y procedimos a bañarnos en el río. Estamos sentados en la orilla opuesta, cuando de repente, dos militares haitianos nos dijeron : “Monsieur vousêtes sur le territoire haitian” y nos señalaron que debíamos pasar a nuestro lado. He traído a colación este relato, para demostrar como los militares haitianos están conscientes de sus obligaciones fronterizas.
Ya en otra ocasión habíamos señalado, que en tiempos pasados, militares superiores que estaban al mando de tropas en la frontera, como el general Ludovino Fernández o Carlos Jáquez Olivero, estos incidentes no hubiesen sucedido, ya que sin violar los derechos de los haitianos, hacían respetar rigurosamente el territorio nacional.

Si a los militares nuestros se les prohíbe el uso de sus armas de reglamento, los “pitis” terminarán burlándose de ellos, a sabiendas que tienen las manos y diríamos hasta los pies atados. Cesfront y demás miembros de nuestro ejército de tierra, estén alertas porque sino un día amaneceremos hablando “patois”, ya que el creole es una jerigonza muy fina.