Según el cristal con que se mire

En el mundo de hoy, el comportamiento de la economía puede ser medido con más de una metodología, de lo que se deriva -valga el ejemplo- que el desempleo parezca alto porque se utilizó equis forma de apreciarlo o bajo si se empleó una fórmula que permitía llegar a esos resultados contrarios. Por ello, lo más cercano a la verdad de cada ámbito podría lograrse contrastando informaciones. Es curioso que en algún momento se invoquen cifras para sostener que el Producto Interno Bruto creció en el país y por otro lado se compruebe estadísticamente que las importaciones, la actividad industrial en general y el cobro de impuestos se redujeron en el mismo período en los capítulos más representativos. ¿Qué diablos fue lo que creció?

El afán propagandístico optimista puede sobrestimar como progreso en el campo de la salud pública el hecho de haber remodelado cinco hospitales. ¿Y qué decir de otros diez que después de disponer de buenas instalaciones cayeron en deterioro o tras abundar en medicamentos pasaron a la inopia? No es raro que en determinada fecha se divulguen números indicadores de que los precios al consumidor permanecieron “estables” a pesar de que por seis semanas los combustibles sufrieron alzas con repercusiones encarecedoras sobre toda la economía. O digan que el alcance del internet ha crecido con apertura de más centros digitales. ¿Y de los viejos que han cerrado, que son muchos, qué?

Sobre la inercia y los desusos

Al percibir la proliferación de farmacias en Santo Domingo, se podría suponer que el público está bien servido en opciones para adquirir productos varios, desde insignificantes hasta esenciales para la salud. Pero en términos comerciales, hay que ver más allá. Cada operación de negocio en el país debería tener límites que protejan los legítimos intereses de quienes los instalan, cuestión de que compitan en buena lid y conserven porciones de mercado.

Para las boticas vale en teoría una regla sobre la distancia que debe primar entre una y otra, con lo cual el Estado procuraría alentar el surgimiento de estos establecimientos en los más diversos sitios en beneficio del consumidor. Con el tiempo esa limitación ha caído en desuso, de lo que tienen culpa las autoridades que en perjuicio de la coexistencia y armonía entre emprendedores, en el marco de la libertad de comercio, se olvidan de que la ley existe.