Segundo sexo
Otra opinión

La pasada semana publicamos la comunicación de Vivian Perezmella, en la que ofrecía su punto de vista en torno a la columna “El crimen de ser negra”. Dice que establecimos comparaciones entre Italia y República Dominicana, pero lo cierto es que apenas hicimos un acercamiento entre la realidad italiana en lo relativo a los procesos de integración y situaciones de rechazo soterrado a la negritud y a los menores niveles sociales que se dan en nuestro país.

A su vez, Perezmella manifiesta su vivencia de la Italia de hace 25 años, época en que residió allí, y en la que la vida en Italia era, a su juicio, perfecta. De forma cuidadosa, la señora Vivian no toca la realidad de la Italia de hoy, en que la crisis ha estallado en todos los aspectos. En cambio, hace un salto histórico hacia República Dominicana.

Indica nuestra lectora que antes que pensar en aumentar la pobreza, nuestro país debe dignificar la vida de su gente, en lo que estamos en completo acuerdo, pero, si analizamos esta frase en el contexto de nuestra publicación, tenemos que convenir que la señora entiende que “aumentar la pobreza” es sinónimo de ilegales, y que manifestar desacuerdo con los ataques racistas a la Ministro Kyengue, en Italia, -según mi “visión humanista”-, es igual a favorecer la entrada masiva de ilegales a nuestro territorio. Nada más lejano. 

Ni creo que la crisis italiana tenga como fuente la migración masiva de africanos de la zona subsahariana a través del Estrecho de Gibraltar; como tampoco opino que eso sea un símil con la situación de República Dominicana y Haití.

Salvando las distancias, que son mucho más que geográficas, la inmigración no es, a mi juicio, el talón de Aquiles. Sí lo son los malos gobiernos, la falta de políticas activas, claras y funcionales sobre los procesos migratorios, y el hacerse de la vista gorda cuando los inmigrantes ilegales son  de raza blanca o verde o amarilla, mientras observamos con el rabillo del ojo los negros que, en ambos casos, salvan el Masacre o a Gibraltar. Creo que Italia, que como bien señala la señora, sigue siendo uno de los países más ricos del mundo, no ha tomado en cuenta que cada vez con mayor rapidez las fronteras se diluyen, y que las nuevas políticas deben estar dirigidas no solo a protegernos de la inmigración ilegal, sino también, a establecer estrategias en el concierto de naciones que permitan el desarrollo de países en pobreza extrema.