Seguridad fronteriza

Sin tenerlo para nada en cuenta, algunos cercanos del suscrito me tildan de trujillista, porque a diferencia de muchos interpreto al generalísimo Rafael Leónidas Trujillo en las dos caras de una moneda que somos todos, el positivo y el negativo, unos más de lo primero que otros y viceversa, pero jamás de un solo lado.

Interpretar el accionar de una persona, un gobernante, un estadista de un solo lado, se llama prejuiciar, parcialización, asar la carne solo de un lado, y eso no es objetividad, ni conducir el contexto por el sendero de la verdad, la luz y la edificación correcta.

Reitero mi concepción referente a la seguridad fronteriza con el problemático, difícil y costoso vecino haitiano, que consiste en dominicanizar los 391 kilómetros que nos separan por una línea divisoria imaginaria, vulnerada y violada a diario miles de veces, por distintos puntos, conforme el catecismo del generalísimo Trujillo de establecer colonias, Pedro Santana, Guayajayuco, Postrer Río, Río Limpio, Mariano Cestero, con granjas, escuelas, dispensario médico y las mínimas infraestructuras para facilitar la cotidianidad. Esas colonias fueron abandonadas por todos los gobiernos pos-Trujillo, se despoblaron, los subsidios a sus moradores y la presencia dominicana desaparecieron, y fueron sustituidas por nacionales haitianos, ilegales, procreando familias sin documentación ni en su país ni en el nuestro, es decir, parias sociales.

Ningún gobierno pos-Trujillo se preocupó por restablecer la presencia dominicana en la frontera, construir una estructura de zonas francas industriales con un70% de mano de obra dominicana y 30% haitiana, reforzar las guarniciones militares como atalayas de preservar la soberanía y como castigo por faltas, mientras que ahora son premios para enriquecer.

Esos son los auténticos y seguros muros fronterizos. El resto es burda especulación pecuniaria y logrerismo político.