Seguridad Vial, un desafío nacional

En el siglo XX se utilizaron dos abordajes para prevenir las muertes por accidentes de tránsito. La tríada ecológica de Leavell y Clark de 1958 y el análisis de los determinantes originario de Marc Lalonde en 1974. Casi medio siglo después en República Dominicana, aunque se entiende nunca se lleva a la práctica, ningún modelo de trabajo. No hay una cultura urbanística y de salud pública. Las reconocidas brechas sociales colocan en las políticas públicas otras prioridades, no permitiendo que se asiente una generación de planificadores y urbanistas con enfoques estratégicos de gestión.

Leavell y Clark concluyen que son tres los actores estratégicos que están involucrados en el origen del daño a la salud generado por los accidentes. Primero el agente generador de muertes, los vehículos de motor; segundo, el modo de transmisión del daño, que lo constituyen las vías y autopistas; y tercero, el receptor del daño generado, los conductores, acompañantes y peatones. Para estos planificadores se impone tomar medidas radicales de control para asegurar la eficacia de los vehículos que inundan el tránsito. También valorar la estructura de las vías donde acontecen los accidentes; y finalmente involucrar legal y educativamente los participantes de los accidentes: conductores, acompañantes y peatones.

Lalonde aportó otro enfoque al indicar que en el origen de la mortalidad por accidentes, se involucran al menos cuatro determinantes. Primero el condicionante del modo de vida de las personas. Segundo el contexto en que acontece el accidente; tercero la calidad de los servicios de salud donde se atienden los afectados y cuarto el acervo genético y demográfico de la población en tamaño, crecimiento y distribución urbana-rural.

Luego de valorar miles de fallecimientos prevenibles, se encontró que en las muertes causadas por los accidentes, el modo cultural de conducir era responsable de 69 de cada 100 muertes. El contexto condiciona 18 muertes de cada 100; la organización y la calidad de los servicios 12 de cada 100 y finalmente, apenas uno de cada 100 era causado por la composición de la población y su distribución urbano-rural.

En las primeras dos décadas del siglo XXI este enfoque se mantiene dado que los daños a la salud derivados del modo y estilo de vida de las sociedades, se masificaron y combinaron con otras causas de muerte que constituyen un verdadero síndrome social. Los problemas mentales se multiplican por la adición a sustancias de diversión, el estres urbano y la crisis en la familia que impactan y magnifican epidemiológicamente los accidentes.

La importancia de la cultura o las formas diversas en que las diferentes comunidades conducen se considera el factor esencial para prevenir el 70% de las muertes y lesiones causadas por los accidentes de tránsito, un eje donde debe incidirse con impacto.