Señalando el camino

Señalando el camino

Coherentemente, y aun vaticinando un regreso a corto plazo a los niveles moderados anteriores de aquellos precios llevados a alzas por la pandemia, el gobernador del Banco Central, Héctor Valdez Albizu, prescribe para la economía dominicana lo que vendría a ser una búsqueda de equilibrio en las relaciones obrero-patronales.

Reclama concretamente un reajuste salarial «cónsono con las necesidades del costo de la vida» una defensa justa del poder adquisitivo de los asalariados impactados por la inflación originada en el exterior.

Como autoridad monetaria y financiera que ha venido certificando el crecimiento que experimenta la economía casi sin pausas, Valdez ha cuestionado siempre que la bonanza de los capitales haya dejado «un tanto retardados» los salarios.

En sus cálculos, y a propósito de que ha comenzado el mes en que habría de discutirse la fijación de mejores niveles generales de ingresos, la paga por trabajar en República Dominicana tiene dos años de atraso. Muchos de los medios de producción marchan con favorable augurio hacia una normalización de actividades gracias a la versatilidad de entes privados que les ha llevado a recortar plantillas para reducir costos (más desempleo) sin modificar esquemas de remuneración en favor de quienes les quedan en nóminas.

El gobernador del BC promete seguir abogando ante el Comité Nacional de Salarios por los sectores más necesitados. ¡Bien por él!

Haití en una grave crisis

De ordinario, la intervención extrajera sobre territorios soberanos hiere sensibilidades y orgullos aunque proceda de tropas multinacionales concertadas para oponerse al caos y al bandidaje contra pueblos indefensos y desgobernados.

Cierto es que República Dominicana no puede pasar, por razones obvias, de su condición de espectadora del desastre humanitario que vive su más cercano vecino, Haití, un país tomado por anarquistas que triunfan sobre los ejercicios de autoridad.

Otros roles les toca jugar a organismos multilaterales llamados a velar por la preservación de derechos inherentes a la condición humana más allá de las fronteras, cuya defensa consagran tratados internacionales y cartas de compromiso con la solidaridad entre naciones. Sin esas herramientas ocurriría la crueldad de contemplar desgracias ajenas sin actuar.