¡Señales equivocadas!

JOSÉ B. GAUTIER
Los necesitamos! (En este país paraíso terrenal nuestro donde nadie quiere fajarse a trabajar ya que el trabajo lo hizo Dios como castigo cantemos unidos el himno a la vagancia y a la lujuria: El Negrito del Batey).

¡No podemos vivir sin ellos! (Pesa la herencia de la dependencia esclavista de los conquistadores europeos y de los evangelizadores católicos. La simbiosis perfecta entre la espada y la cruz en esta nueva cruzada civilizadora de saqueos y de crímenes. La Encomienda y la Esclavitud).

¡Los campesinos dominicanos se niegan a trabajar (son muy haraganes dicen los amos), y de mal agradecidos afirman, no quieren vivir en pocilgas como asalariados en los inmundos y putrefactos campos y bateyes pertenecientes a los ingenios del Estado! ¡Qué desgraciados son! (El trabajador rural es una mercancía del latifundio estatal y del terrateniente gubernamental y privado. Es preferible dar trabajo (marginando a los dominicanos) a un indocumentado haitiano, dócil, sumiso, mal pagado, analfabeto, enfermo, o aterrorizado y amenazado con “la camiona” (deportación) que proteger al campesinado dominicano libre e independiente). (Eso lo da la corrupción).

 ¡Si los haitianos no trabajan (son unos verdaderos animales de carga, trabajan como bestias) cortando desde el amanecer hasta el anochecer la caña en los ingenios socializados y privados, este país se hunde!

(La verdad es que es ciega, sorda y muda la explotación inmisericorde del Estado y los empresarios agropecuarios (¿Socialistas o capitalistas?). Nadie la ve, ni la oye, ni la dice). El trabajo, en todas sus facetas económicas, agrícola, industrial, empresarial, turística ha convertido a esta nación en dependiente de mano de obra extranjera).

¡Si no importamos miles de braceros de Haití todos los años, el gobierno de los Estados Unidos de América nos va a quitar, como castigo humillante, la cuota privilegiada en la venta de azúcar a su mercado preferencial!

¡La industria azucarera es la columna vertebral de la economía dominicana! (¡Jorobada, pesada, montada sobre los hombros del pueblo dominicano que paga su mantenimiento!) Hospitalización de los indocumentados.

Quiebra del Seguro Social. Costo del saneamiento sanitario poblacional de las enfermedades que introducen).

¡La mayor fuente de trabajo del país! (¡Para los haitianos!)

 ¡La mayor riqueza nacional! (¿Para quiénes?) Todas estas mentiras y un millón más de disparates del arsenal de propaganda divulgada por el binomio azucarero empresarial privado y gubernamental con que se ha lavado el pensamiento y la acción del pueblo dominicano hace más de cuarenta años, desde que el insigne “Padre de la Democracia”, el vitalicio presidente doctor Joaquín Balaguer, envió la señal equivocada en 1966 al firmar con el presidente vitalicio haitiano Francois Duvalier (la importación masiva de haitianos y sus familiares, mujeres e hijos) un inmoral y corrupto acuerdo internacional sobre contratación de miles de braceros en Haití y su traslado a territorio dominicano para trabajar en los ingenios del complejo agro industrial azucarero estatal.

Y todavía las señales equivocadas siguen. Todos los días aparece una nueva modalidad. ¡No podemos vivir sin un gobernante vitalicio y una dictadura permanente, eterna! ¡Los necesitamos! ¡El país se hunde sin un nuevo tirano! ¡Son el pan nuestro de cada día! ¡El poder absoluto! ¡Vivir de rodillas!

Sonia Pie y miles de otras iguales que ella, son una consecuencia del caos migratorio (hipocresía ilimitada) que envuelve al país producto del continuismo político de Joaquín Balaguer, que no tuvo escrúpulos para vender la soberanía laboral a cambio de sus ambiciones políticas personales sin limites. Su caso, el de Sonia Pie, es un tecla que muy pocos, con calidad moral, pueden tocar sin ensuciarse, por que muchos de los que hoy hablan, callaron y fueron cómplices de esta tragedia entonces en gestación, que pudo evitarse.

Pero los “ismos” del continuismo, del absolutismo, del populismo, del agrarismo, del comunismo y por que no decir, del lambonismo pudieron más para hacer señales equivocadas.