Señor ¿por qué te llevas los buenos?

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Con el deceso la semana pasada del licenciado Miguel Cocco Guerrero, no sólo pierde el país un funcionario probo, honesto y capaz, sino todos los que le conocieron y cultivaron su amistad, un ser excepcional de sentimientos puros y  permanentes sin señales de doblez, aún en los momentos en que las circunstancias lo llevaron, por sus firmes creencias, a incursionar como alto dirigente en la denominada izquierda revolucionaria, sin pasar factura como lo han hecho otros, que han pasado sin pena y sin gloria por el devenir histórico de nuestro país.

Apenas tuve pequeños encuentros personales con Miguel y en ellos pude comprobar, cuando alcanzó la posición de Director General de Aduanas, que estaba frente al prototipo de funcionario público que el Poder Ejecutivo debe escudriñar para desempeñar una ocupación importante dentro del tren administrativo. Una personalidad tan recia y responsable, que no obstante su reconocida amistad con el señor Presidente de la República, tuvo el coraje y la valentía de denunciar que en la actual administración se cometen muchos actos de corrupción, que no obstante ser denunciados, permanecen impunes por el grado de amiguismo y complicidad entre los mismos.

No obstante su enfermedad, que le obligaba a dializarse varias veces a la semana, no abandonó su lugar de trabajo y se mantenía al tanto de esta importante oficina recaudadora, que ha sido la fuente de enriquecimiento de muchos funcionarios que hoy son señalados por sus compatriotas como poseedores de fortunas esquilmadas al erario y que exhiben sin rubor, sin que aquellos funcionarios gubernamentales encargados de perseguir desfalcos, malversaciones o robos, se dignen siquiera citarlos a que demuestren el origen de sus riquezas.  ¡Pobre Patria!

En los últimos días de su vida, demostró una abnegación rayana en la osadía y posiblemente estos esfuerzos inauditos en un ser cuyo organismo era una bomba de tiempo, aceleraron su encuentro hacia la parca.  Por eso, no fue nada improvisado el maremágnum de amigos y personas a las cuales desinteresadamente ayudó, que se volcaron hacia la funeraria Blandino para rendirle homenaje y darle el último adiós.

Y nosotros exclamamos ¡Señor!  Con tantos funcionarios corruptos y “macuteadores” ¿Por qué escogiste el mejor?  Sería una elegía pensar que allá en tu divina morada se han presentado dificultades que ameritan, que un hombre justo, intachable y honrado, sea llamado para ordenar la “Aduana Celestial”.  Por favor Señor, escoge dentro de los ligados a la corruptela tu sacrificado porque sino, los deshonestos podrían sacar falsas conclusiones y seguir con su impune y criminal proceder.