Separación en 1844 y ahora ¿Qué?

25_02_2017 HOY_SABADO_250217_ Opinión8 A

Hace 173 años que nuestros antepasados adoptaron la resolución de sacudirse de una dominación, que por 22 años había ido suprimiendo las raíces castellanas de la colonia española. En 1822, algunos sectores importantes de las distintas poblaciones de la parte oriental de la isla, le habían solicitado al dictador haitiano Boyer que acudiera a poner orden en un territorio semi abandonado por la corona española.
Haití, después de sacudirse del yugo francés en 1804, se había convertido en la primera colonia latinoamericana que alcanzaba su independencia. Desde aquel entonces sus dirigentes soñaron, y lo convertían en realidad, con sus incursiones a la parte oriental de la isla para apoderarse de la misma que vivía en un abandono agravado por los trastornos que Europa padecía bajo la férula napoleónica.
Crecían las inquietudes juveniles de Juan Pablo Duarte, estimuladas por su paso por Europa. Esta estaba sumergida en los años 30 del siglo XIX en la época post napoleónica llena de pujos libertarios. Estos se manifestaban en todas las ramas de la cultura y de la política. Duarte inició su siembra en 1838 para infiltrar en la mente de los pasivos residentes de Santo Domingo la importancia de tener su propio Estado.
La prédica duartiana tomó tiempo y sacrificios. Por igual persecuciones de parte de las autoridades haitianas, no obstante que muchos jóvenes españoles se habían alistado en el ejército del estado opresor. De esa forma adquirieron el entrenamiento militar que serviría luego para que desde 1844 hasta 1856 pudieran sostener en alto la bandera tricolor. Todos los enfrentamientos en territorio dominicano fueron derrotas para las tropas invasores de occidente.
Fueron aplastadas por tropas en su mayoría improvisadas pero con el coraje y las motivaciones de Duarte durante varios años para asegurar un territorio que sería su Patria.
La Separación estuvo consumada. Y por ende la Independencia. De esa manera Dominicana poco a poco se incorporó a las naciones latinoamericanas independientes. Pero en 1861 volvió a convertirse en colonia española, en un proceso fruto del temor de aquellos dominicanos, que siempre dudaron de la viabilidad de un Estado independiente frente al peligro latente de los vecinos occidentales.
Estos nunca ocultaban ni ocultaron sus intenciones de hacer prevalecer aquello de que la isla era una e indivisible.
La vida compartida en la isla, por haitianos y dominicanos, nunca ha estado exenta de temores y sobresaltos. Y esto se acentuó cuando la parte oriental en poder de los dominicanos comenzó a desarrollarse y progresar pese a las dictaduras y a los gobiernos corruptos e incapaces. Fue a partir de 1962, después de la caída de la dictadura, que el país se sacudió de su acomodamiento a una sola voluntad. Y eso pese a la voracidad de quienes quisieron reemplazar la figura férrea de Trujillo.
Pese a esos lastres el país ya recibe unos seis millones de turistas, posee una infraestructura de zonas francas muy eficiente con un personal capacitado. En adición recibe un aporte apreciable de remesas de la voluminosa diáspora de sus hijos que trabajan arduamente en otros lugares a veces remotos dando ejemplo de dedicación y capacidad.
Aun cuando se considera que la producción agropecuaria es ineficiente, resulta que frente a una población de diez millones de dominicanos, diez millones de haitianos y seis millones de turistas es admirable de cómo el agro criollo abastece adecuadamente esa demanda. Es un ejemplo del agro y de sus productores agricultores dando el ejemplo de su dedicación y empeños en mejorar. Y eso pese a los gritos de que todo está muy mal, pero se resisten a abandonar sus siembras. Y con sus gritos y quejas logran cosechar los rubros que se necesitan para alimentar una población de más de 26 millones de seres humanos. Y eso ayudado por la mano de obra haitiana. Se satisface plenamente la demanda de tanta gente y nos confirma como un destino turístico confiable. En particular cuando la parte oriental despegó hacia el desarrollo a partir de 1962 para enrutarse por un proceso desarrollista, que para el año pasado el nivel de ingresos per cápita superó los $6 mil dólares anuales, mientras para Haití es tan solo de $1,300 dólares anuales.
La presencia de tantos haitianos, cada vez más diversificados, desde sus labores de pordioseros y transmisores de enfermedades hasta ser puntales en la empleomanía de los hoteles de los resorts, y hasta inversionistas de fuste, contribuye poco a poco a que se fortalece la presencia de una quinta columna, que en un futuro no muy lejano hasta decidirían quienes serían nuestros gobernantes.