Septiembre 1963: Vientos y marejadas

JOSÉ ANTONIO NÚÑEZ FERNÁNDEZ
El 25 de septiembre del 1963 los golpistas que tumbaron al democrático profesor Don Juan Bosch, sembraron vientos y  plantaron marejadas. Los vientos pronto parirían ciclones y las marejadas una tarde se sublevarían de manera huracanada.

La madrugada de la septembrina tragedia, fue a mi casa en la calle Francisco Henríquez y Carvajal 284 altos, don Hipólito Paulino a buscarme para que me trasladara de inmediato a La Voz Dominicana. Cuando bajé con Paulino a la calle, me dijo: “El Coronel Fulano de Tal, lo mandó a buscar para que lo vean al lado de él. Ya aquí no hay gobierno, los guardias tumbaron a Juan Bosch. Y como usted era que lo presentaba por televisión siempre que hablaba, el Coronel Fulano de Tal, quiere que usted esté a su lado para evitarle problemas”. Camino de la radiotelevisora oficial me enfrenté a los dueños de dos casas que eran mis amigos, y esa mañana tenían fiestas por el zarpazo dado a la libertad y a la democracia. En tono alto les grité a ambos, a Agustín Betances y a Pupilo Fernández (los dos ya difuntos), que lo que hacían ellos era una burla al pueblo. Pues estaban celebrando la muerte de la democracia. Porque los golpistas nos habían hecho dar un paso fatal de cincuenta años hacia atrás y nos habían metido en la jungla.

Al oírme, Paulino se alarmó y me dijo: “Maese Núñez, usted es un caso perdido. Lo mandan a buscar para protegerlo y ya empezó a buscarse líos en plena vía pública”. Llegamos a La Voz Dominicana y el Coronel Fulano de Tal, me hizo advertencias, alegatos y salvedades. En septiembre no me ocurrió nada, pero después surgió la mar de dificultades en mi contra por manifestarme como un definido antigolpista. Así, considero importante relatar dos actividades mías, en que tomé parte o tuve mediación al lado del antigolpista coronel Rafael Tomás Fernández Domínguez, iniciador fundador del Movimiento Constitucionalista que al Triunvirato ilegal le puso fin en abril del 1965.

Pues bien, una mañana del mes de septiembre del 1963, ya acaecido el terrible suceso del ominoso día 25, recibí la visita de Napoleón Núñez Paulino, quien se me presentó de parte de José Francisco Peña Gómez y de José Rafael Molina Ureña. Ellos que estaban escondidos me enviaron unos números telefónicos donde se podían localizar los dos. Peña Gómez era “El Príncipe” y Molina Ureña era “Pepe”. Ellos me pedían que de urgencia los pusiera al habla con el Coronel Fulano de Tal. Le manifesté al emisario Napoleón Núñez Paulino, que ese coronel no podía ser, porque “ese” estaba con los golpistas; pero que en cambio el coronel Rafael Fernández Domínguez si podía ser, ya que él no estaba de acuerdo con lo ocurrido. Napoleón fue donde sus poderdantes y les manifestó lo expuesto por mí. Retornó a mi casa y me expresó lacónicamente: “Dice Peña que proceda de inmediato y contacte al coronel Rafael”.

Llamé a Fernández Domínguez a su residencia en el sector de Alma Rosa y le pedí que me visitara. Acudió a mi llamado y cabalmente lo impuse de lo que se trataba.

Estuvo completamente de acuerdo y le di los teléfonos de “El Príncipe” y de “Pepe”. No supe a cuál de los dos llamó o si los llamó respectivamente a los dos.

Días después recibí de parte del coronel Fernández Domínguez la visita del señor don Angel Rodríguez (Angito), el padre de los hermanos Felvio y Osvaldo Rodríguez. Los tres, el padre y los hijos, eran enemigos acérrimos del golpe contra el presidente Bosch. Don Angito me dijo que Rafael quería que le prestara mi casa para celebrar una reunión con unos compañeros militares, y que yo podía estar presente. Estuve de acuerdo y en la tarde de ese día, el primero en presentarse fue Rafael, luego llegaron los invitados: Héctor Lachapelle Díaz, Fernando Cabral Ortega, Rafael A. Quiroz Pérez y Marino Almánzar. Con excepción de Fernández Domínguez que fue enviado para España, los asistentes a la reunión y otros más afines a ellos, fueron puestos en retiro.

No puedo olvidar que antes de partir para España, Rafael me hizo una visita de despedida acompañado de su amigo el ajedrecista Gustavo Peña. En el mes de noviembre recibí una carta de condolencia de Rafael por la muerte de mi padre. Vivía el coronel constitucionalista en  la calle Doctor Esquerdo de Madrid. Calle esta que honra la memoria del médico y político José María Esquerdo y Zaragoza. De Madrid trasladaron a Fernández Domínguez a Santiago de Chile. Y de la ciudad del Mapocho salió en abril del 1965. Fue esa una partida hacia la muerte, pues la tarde del 19 de mayo del 1965 de manera solapada por la espalda lo mataron, invasores de la Fuerza Interamericana de Muerte del texano mister Johnson y del Tribunal del Santo Oficio de la OEA del uruguayo mister José Antonio Mora.

En la Calle Treinta de Marzo fue levantado por los invasores el altar del sacrificio.