Sequía

El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define la sequía como: “Tiempo seco de larga duración” y seco: “carece de jugo o humedad, falto de agua, falto de verdor, etc. En estas definiciones, la palabra “seco” es clave pues tiene muchas acepciones que extienden la definición de sequía; puede llover o lloviznar y aun mantenerse la sequía, porque no hay verdor o porque las plantas carecen de humedad, no “ingieren” la cantidad de agua que necesitan sino una fracción de ése. Vemos entonces que ya desde su definición la sequía es polifacética y se complica cuando consideramos su antídoto que es el agua dulce.
Sobre estos temas he escrito varias veces y desde diferentes ángulos, pero el asunto es tan importante que merece la pena volver a repetir a ver si ponemos interés en la conservación del agua. Le atribuyo a la falta de educación el que los dominicanos nos comportemos como lo hacemos, los ejemplos abundan en todos los órdenes: desperdiciar y luego desalinizar, pero cuando se vean los costos de desalinizar agua para ganado o para irrigar, estaremos rogando tener tanto petróleo o gas como Arabia Saudita o Bolivia.
Desde hace años es evidente que la porosa y limitada red de distribución de agua potable de Santo Domingo no está en condiciones de suplir el agua a todos, ni de hacerlo eficientemente pero seguimos buscando nuevas fuentes en vez de corregir la red. Por cierto, lo mismo se aplica para Santiago de los Caballeros y la mayoría de las ciudades del país. Cuando el clamor sea extraordinariamente subversivo, “veremos las orejas al lobo” y correremos a buscar una solución. También es obvio que ciertos métodos de riego son insostenibles y que algunas tierras no son aptas para la irrigación ni para cultivarlas pero ahí seguimos. La mejoría o solución de esos problemas es muy difícil y requiere tiempo, por lo tanto, es necesario abordarla con tiempo e inteligencia.
La conservación del agua es fundamental para un país y ésta abarca diferentes aspectos: uso, foresta, salud de los ríos y cuidadosa explotación de los acuíferos. El mecanismo de “crear” el agua y llover es bien conocido y sencillo, fácil de entender a nivel la escuela primaria, sin embargo, parece que no se enseña. La efectividad de los árboles y de la vegetación para retener el agua lluvia, el máximo tiempo sobre el suelo es insustituible, como queda demostrado en el magnífico proyecto de la Fundación Progressio.
La reflectividad de la superficie terrestre o albedo influye en la temperatura del aire sobre ella; un suelo negro sin vegetación tiene un albedo cero, no refleja nada pero se calienta mucho, si el suelo es blanco refleja toda la radiación, su albedo es uno. La vegetación tiene la facultad de modificar el albedo y con ello la temperatura del aire sobre él. Para que llueva sabemos que la temperatura debe permitir la condensación del vapor de agua, en consecuencia, una buena cobertura vegetal ayuda a que llueva, esta es una cualidad que optimizan los bosques húmedos en forma de niebla.
Dicho todo esto, podemos concluir que la vegetación no crea agua pero lo capta y retiene, jugando un papel principalísimo. El agua nace con la evaporación de las superficies de océanos, lagos y similares; el vapor de agua es transportado por los vientos que dependen del patrón definido por los centros de alta y baja presión, llueve cuando se condensa. En estos fenómenos el ser humano tiene influencia mayúscula, aunque no total. El calentamiento global que hoy se atribuye a la acción humana es el decisivo para determinar el total de lluvias anuales sobre un territorio. La RD no tiene influencia importante en el calentamiento global, éste depende de los grandes consumidores de combustible fósil que son los países desarrollados y China.
Creo que acierto cuando señalo que el volumen total anual de agua que recibe la RD en promedio, es suficiente para nuestro país, desde luego hay zonas más favorecidas que otras, por ejemplo: el Cibao versus el Sur Profundo (suroeste) o la Línea Noroeste. No obstante, como no la protegemos, ni retenemos, rápidamente se nota la escasez. En el país hay personas que saben lo necesario para comenzar a planear y ejecutar programas que mejoren considerablemente la eficiencia y racionalidad de su uso, comenzando por las escuelas y en el mundo hay ejemplos de países amigos que vienen haciendo “maravillas” con su agua, si nos asalta la duda, podemos ver cómo lo hacen o traer los “expertos extranjeros”. Urge emprender un plan multipropósito que corrija la ruta que llevamos, un plan incluyente, porque la población sigue creciendo y con ello la demanda, no así el volumen de agua anual.