Ser honesto es ser revolucionario en estos tiempos

Con la caída del Muro de Berlín quedó descubierto un mundo de mentiras, que sirvió como soporte a la “cultura del engaño” en la cual hemos vivido y que costará mucho a las futuras generaciones reponerse y establecer un sistema de convivencia transparente y libre del horror de la mentira.

Hacemos alusión al muro porque el sistema que lo creó se hizo insostenible y cayó como consecuencia de que las bases que lo soportaron eran insostenibles por más tiempo, como también lo fueron las guerras y las invasiones irracionales apañadas por mentiras.

Revisando la historia reciente nos encontramos con que la llamada “guerra fría” se sustentó sobre la base de la mentira entre ambos bandos y, en medio de ella, una humanidad reprimida que soportaba los horrores de la irracionalidad y una clase política mentirosa -Watergate, Reagan contra y una potencia de mentiras, la URSS-.

Las víctimas fatales de esta guerra fueron los lideres norteamericanos John F. Kennedy, Martin Luther King y Robert Kennedy, los más destacados abanderados de la lucha por los derechos civiles en los Estados Unidos, los cuales fueron asesinados por los que se opusieron a que los seres humanos del norte de las Américas vivieran en un mundo de iguales y para iguales.

Como siempre, las conquistas de la humanidad se han logrado sobre las cenizas de los mártires, desde Jesús de Nazaret así ha sido la historia. El pensamiento liberal ha dejado sus mártires, a nombre de los cuales se erigen referentes y monumentos, aun los que no creen en que es posible un mundo distinto.

En nuestro país, nuestros líderes liberales de finales del siglo pasado, son tomados como referentes justo por quienes sirvieron de obstáculo para que realizaran sus sueños y promesas de una mejor país: Juan Bosch, Caamaño, Peña Gómez y otros muchos que ya no están entre nosotros, y que son hasta citados en algunos discursos que tratan de confundir a quienes no conocen bien nuestra historia reciente.

En medio de las guerras y las guerritas, la verdad es siempre a primera víctima, por eso quien intenta apegarse a este valor y trata de ser honesto hasta con su propio pensamiento, es hostigado, amenazado y tildado de todo lo malo y los males.

Los líderes que mencionamos anteriormente fueron víctimas de asedios, de calumnias, de mentiras de quienes trataron de enlodarlos en vida, pero que al bajar la marea, el río llevarse el lodo y dejar el agua clara y limpia, así han fluido los nombres de esos prohombres apegados a valores y principios que no dejan de ser referentes.

Hablando entre amigos y refiriéndonos de las virtudes del presidente Kennedy, alguien me dijo: “por eso lo mataron” y fue así, de la misma manera que los grupos conservadores de este país impidieron que Bosch gobernara y que Peña Gómez llegara a ser presidente.

Los liberales piensan, generan ideas liberadoras, creen en la gente, se aferran a la verdad y a los principios de la honestidad, por eso son bombardeados desde distintos flancos.

Nuestra clase política no es honesta, por eso creo que ser honesto es ser revolucionario en estos tiempos, sin guerra fría, sin comunismo, con capitalismo y con un orden económico mundial matizado por la doble moral: productores que trabajan honestamente, los que engañan a sus clientes y el poder político incapaz de garantizarle los derechos a los ciudadanos y, el poder del narcotráfico que se presenta como una tentación ante aquellos que se doblegan frente al dinero antes que a los valores y principios.