¿Será la competencia?

Algunos informes de organismos internacionales defensores de los derechos humanos, ahora y antes, han planteado su preocupación por el elevado número de muertes a manos de nuestra Policía Nacional en cuestionados “intercambios de disparos”. El último reporte tiene una cifra que supera por mucho la del año pasado.

Se ha menospreciado el dato de que frecuentemente se denuncian y descubren miembros de las Fuerzas Armadas y la Dirección Nacional de Control de Drogas asociados al crimen organizado. Sin embargo, ese vínculo se hace más fuerte en agentes de la Policía, al extremo de que desafortunada y trágicamente es creciente la desconfianza de la población para solicitar ayuda policial porque muchas veces “el remedio resulta peor que la enfermedad”.

Hace muchos años un miembro del Ejército me aclaró que los policías no eran militares, sino “civiles armados” y que la disciplina, rigor y entrenamientos de la milicia eran muy diferentes a los de la institución policial y consecuentemente las probabilidades de reclutar a potenciales delincuentes son mayores y por desgracia, están armados.

Por lo anterior podría inferirse que una parte de los enfrentamientos de la Policía con los delincuentes, pudiera estar motivada por una subyacente competencia por controlar negocios o “puntos” de venta y distribución de estupefacientes y, en el peor de los casos, corresponder a un propósito de silenciar probables denunciantes de la participación de policías o militares en actividades delictivas.

Los productores y guionistas de películas y novelas sobre el crimen organizado tienen en República Dominicana algunos títulos interesantes como “El sur de Quirino también existe” o “Los años en que Agosto hizo su agosto” donde policías y militares tendrían papeles protagónicos.