¿Sería posible un diálogo entre EEUU, Irán y Siria?

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POR MICHAEL SLACKMAN
EL CAIRO, Egipto —
En Washington en estos días, una idea que la Casa Blanca alguna vez trató como execrable repentinamente está cobrando impulso: sentarse y conversar directamente con Irán y Siria.

El Primer Ministro británico, Tony Blair, está recomendándolo. El Grupo de Estudios sobre Irak encabezado por James Baker y Lee Hamilton también podrían hacerlo. Como Irán pretende seguir adelante con su programa nuclear y Egipto, Jordania y Arabia Saudita son incapaces de estabilizar la región, quizá no haya otra opción.

Pero si la Casa Blanca eligiera dialogar directamente con Irán y Siria, ¿que querrían esos dos, y qué posibles áreas de acuerdo habría?

En el núcleo de cualquier negociación estaría una demanda básica: Irán y Siria querrían alguna garantía de que sus regímenes van a sobrevivir.

Esto podría parecer sorprendente, ya que ambos se han envalentonado por los problemas estadounidenses en Irak y por el éxito de su aliado Hizbulá contra Israel en Líbano. Y ambos han parecido hacer todo lo que pueden para provocar a Estados Unidos. Pero analistas políticos y diplomáticos dicen que los líderes de Irán y Siria aún comparten un temor supremo de que sus regímenes sean vulnerables al inigualable poderío económico y militar de Estados Unidos, pese a sus problemas.

Los temores están basados en la historia. Irán no pudo derrotar al ejército de Saddam Hussein en ocho años de guerra, y luego vio dos veces a los tanques estadounidenses arrollar a las fuerzas de Irak en campañas cortas. Las dificultades de Estados Unidos tras la conquista podrían haber envalentonado a los líderes de Irán , pero las dos invasiones siguen siendo una lección. Ahora Irán teme la perspectiva de dolorosas sanciones económicas, a instancias de Estados Unidos, porque no suspenderá su programa nuclear.

Se dice que los líderes de Siria están preocupados de que una investigación internacional del asesinato de un destacado político libanés alcance a altos niveles del gobierno sirio y sacuda al régimen.

“La principal preocupación para Irán es que no quiere cambiar la estructura de poder actual en el país”, dijo Ahmad Zeidabadi, analista político en Teherán. “Se resistirá a cualquier cambio”. Hasta ahora, el gobierno de George W. Bush ha dicho que quiere solucionar el enfrentamiento nuclear iraní “diplomáticamente” y que Siria eligió al protector equivocado cuando se arrojó en brazos de los mulás de Irán. Pero nunca ha ofrecido las garantías de seguridad que periódicamente, aunque fríamente, ha dado a Corea del Norte. E Irán y Siria lo han notado.

Sin embargo, aun cuando no se prepara ninguna gran negociación sobre las ambiciones nucleares de Irán y su papel en Medio Oriente, ¿pudiera haber un momento en que tanto Irán como Siria dialogaran seriamente con Estados Unidos sobre una gama de asuntos más pequeña?

Aunque los líderes de Irán no han mostrado signo alguno de abandonar su antagonismo hacia Estados Unidos e Israel, han insinuado su disposición a ayudar a estabilizar Irak, y quizá Afganistán. Después de todo, evitar una desintegración completa de Irak aliviaría la preocupación iraní de que la anarquía un día pudiera cruzar la frontera y, quizá, incitar a las minorías étnicas de Irán (los curdos, por ejemplo). De manera similar, mantener a raya al Talibán de Afganistán bloquearía el resurgimiento de un antiguo enemigo sunita que considera a los chiitas apóstatas. A cambio de la cooperación en Afganistán, por supuesto, los iraníes podrían esperar que Estados Unidos abandonara lo que ven como esfuerzos para interferir en sus asuntos internos. Esos incluyen proyectos estadounidenses que pretenden promover la democracia iraní (pero que funcionarios iraníes dicen promueven la inestabilidad), así como la perspectiva de sanciones como castigo por el programa nuclear de Irán.

Siria se siente más vulnerable que Irán ahora, debido a la política interna e internacional y la realidad de que sus pequeñas reservas de pegtróleo pronto se secarán. El Presidente Bashar Assad se ha acercado más a Irán al ser aislado por Washington y sus aliados árabes. Pero Siria no quiere que su enfrentamiento con Occidente le produzca más aislamiento y humillación, o una pérdida de legimitidad internamente.

Esto pudiera suceder como resultado de una investigación en marcha sobre el asesinato hace casi dos años del ex primer ministro libanés Rafik Hariri. Una investigación de ONU ha implicado a funcionarios sirios, y el Consejo de Seguridad ha empezar a formar un tribunal. Eso asusta a los sirios, y están ansiosos de bloquear su nacimiento.

“Los sirios piensan que Estados Unidos puede simplemente llamar a la ONU y detenerlo”, dijo Andrew Tabler, editor consultor de la revista Syria Today en Damasco. “Eso no va a suceder. Sin embargo, donde aún existe algo de espacio de maniobra es en cuán alto llegará la investigación. Eso es lo que preocupa a Siria porque es el sitio donde es vulnerable”.

Recientemente, dicen analistas políticos, Siria ha mostrado un grado de disposición a ayudar a estabilizar el conflicto en Gaza — algo que Estados Unidos quiere — y sus funcionarios han dicho repetidamente que el gobierno está dispuesto a celebrar conversaciones de paz con Israel.

“Siria es bastante realista, aunque orgullos y obstinado”, dijo Joshua Landis, profesor asistente de Estudios Mediorientales de la Universidad de Oklahoma. “Aceptará ofertas estadounidenses serias e insistirá en que los problemas se aborden ampliamente”.

Enfocarse en Irak, Afganistán y el conflicto palestino-israelí pudiera ser una forma ralista de que Estados Unidos navegue con Irán y Siria. Eso es en parte porque los iraníes y los sirios comprenden, sin importar cuán renuentes sean a expresarlo públicamente, que Estados Unidos puede ayudarles a estabilizar sus regímenes y ayudarles a solucionar los problemas regionales. “No se puede tratar con Medio Oriente sin los estadounidenses, sin importar la opinión que tengamos”, dijo un diplomático árabe que habló a condición de que su nombre y nacionalidad no fueran identificados debido a la naturaleza sensible del tema.

Pero impulsar a esos dos regímenes es mucho pedir a Estados Unidos.

¿Por qué, de hecho, hacer algo para apuntalar el prestigio de los mulás iraníes o el régimen de Assad, cuando eso correría el riesgo de chocar con las intenciones de los aliados mediorientales de Estados Unidos? Cuando los estadounidenses aceptaron celebrar conversaciones con Irán sobre Irak — conversacuones que nunca avanzaron — funcionarios en Egipto se sintieron furiosos porque esto confirmó sus temores de que Irak ahora estaba en la órbita de Irán, y no en la suya propia.

La posición declarada del gobierno estadounidenses ha sido que se unirá a negociación con Irán si Irán primero suspende el enriquecimiento de uranio. Pero los iraníes han rechazado cualquier condición sobre las conversaciones. También ha habido pocos contactos con los sirios, con los cuales Estados Unidos aún tiene relaciones diplomáticas.

El asesor de seguridad nacional del presidente, Stephen J. Hadley, dice que hablar solo “no es una estrategia”, y que cuando se trata de hablar sobre estabilizar a Irak, el gobierno estadounidense debe estar seguro de que los iraníes y los sirios realmente sienten que es necesario hacerlo-. Pero eso podría no suceder pronto: En tanto la violencia persista dentro de Irak, mantiene a los estadounidenses ocupados y fuera de balance.

En cualquier caso, dijo Hadley la semana pasada, Estados Unidos nunca abandonó su determinación de impedir que Irán obtenga un arma nuclear a cambio de ayuda en Irak.

Sin embargo, analistas diplomáticos en Líbano sugieren que este es un buen momento para reconocer esas diferencias entre las posiciones de Irán y Siria que pudieran, quizá, ser utilizadas contra cada uno.

 

Tomemos el caso de Hizbulá.

Aunque Irán siente que la victoria percibida de Hizbulá sobre Israel en la guerra del verano elevó su propio prestigio, no quiere que el ascenso de Hizbulá haga caer a Líbano en el caos; en vez de ello, quiere que Hizbulá consolide su poder y ayude a propagar la influencia chiita y la ideología iraní. Siria, por otra parte, parece querer el caos en Líbano, un ambiente que obstaculizaría la investigación del asesinato de Hariri.

Al final, sin embargo, esas diferencias pudieran contar poco ante los antagonismos mucho mayores que hasta ahora han impedido que empiecen las negociaciones, incluso sobre asuntos pequeños.

Un factor es la renuencia de Irán a comprometerse sobre asuntos ideológicos. Sus líderes definen el carácter revolucionario de Irán en gran medida como anti-estadounidense y anti-israelí, mientras que Estados Unidos está buscando refrenar la propagación del islamismo revolucionario.

“Estados Unidos e Irán están buscando políticas diferentes en la región”, dijo Zeidabadi. “Podrían tener algunos intereses comunes. Pero lo que es obvio es que Irán considera su supervivencia en propagar un tipo de islamismo ideológico radical en la región que Estados Unidos dice es su enemigo”.

Y cualesquiera que sean sus diferencias entre sí, tanto Siria como Irán desconfían de Estados Unidos mucho más.

“Mucho tiene que suceder primero antes de que veamos una gran negociación”, dijo Tabler.