¿Seremos familia?

Cubanos, puertorriqueños, venezolanos, dicen que los dominicanos nos les parecemos en las costumbres y tradiciones y se deslumbran cuando visitan el país y encuentran similitudes enormes en los lugares y comportamientos de sus habitantes. Sin embargo, hay quienes aseguran que los más semejantes a nosotros son los panameños, que somos idénticos hasta en el hablar, con poco acento, y que es difícil distinguir a unos de los otros. Una apreciada amiga panameña, Alina Mattos, me envía esta simpática descripción de sus coterráneos y veo, con asombro, que fácilmente podría pasar como la definición de cualquiera de los nuestros.

[b]El panameño[/b]

Le preguntaron en una ocasión a un reconocido sabio maestro: ¿Qué es un

panameño? Su respuesta fue la siguiente: “Ah… los panameños. Qué difícil pregunta. Los

panameños están entre ustedes pero no son de ustedes. Los panameños beben en la misma copa la alegría y la amargura. Hacen música de su llanto y se ríen de la música. Los panameños toman en serio los chistes y hacen chistes de lo serio. No creen en nadie y creen en todo. ¡No se les ocurra discutir con ellos jamás!

Los panameños nacen con sabiduría. No necesitan leer, ¡todo lo saben! No necesitan viajar, ¡porque todo lo han visto! Los panameños son algo así como el pueblo

escogido, por ellos mismos. Los panameños se caracterizan individualmente por su simpatía, inteligencia y en grupos, por su gritería y apasionamiento. Cada uno de ellos lleva en sí la chispa de genios y los genios no se llevan bien entre sí, de ahí que reunir a los panameños sea fácil, pero unirlos es casi imposible.

No se les hable de lógica, pues eso implica razonamiento y mesura y los panameños, son hiperbólicos y exagerados. Por ejemplo, si les invitan a un restaurante a comer, no les invitan al mejor restaurante del pueblo, sino al mejor restaurante del mundo. Cuando discuten, no dicen: No estoy de acuerdo contigo sino ¡Estás completamente equivocado! Tienen tendencias antropofágicas; así entonces ¡Se la comió! es una expresión de admiración, y ¡comerse un cable! es señal de una situación crítica. Llamar a alguien “Come mierda” es un insulto más lacerante.

El panameño ama tanto la contradicción que llaman “monstruos” a las mujeres hermosas y ‘bárbaros” a los eruditos. Los panameños ofrecen soluciones antes de saber el problema. Para ellos nunca hay problema. Todos los panameños saben lo que hay que hacer para erradicar el terrorismo, encausar a América Latina, eliminar el hambre en África, pagar la deuda externa, quien debe ser Presidente y como Estados Unidos pueden llegar a ser una potencia mundial. Ellos no entienden por qué los demás no les entienden cuando sus ideas son tan sencillas y no acaban de entender por qué la gente no quiere aprender a hablar español como ellos.

Ah… los panameños… No puedes vivir mucho con ellos, pero es imposible vivir sin ellos.

Orgulloso de ser panameño.