Sergio Ramírez en Santo Domingo

11_10_2019 HOY_VIERNES_111019_ Opinión9 A

El escritor Sergio Ramírez, exvicepresidente de Nicaragua y Premio Cervantes 2017, cautivó a los asistentes con su magistral conferencia sobre mitos e historia en la literatura latinoamericana y caribeña, realizada el martes pasado. Fue invitado por el Centro de Estudios Caribeños de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM), en cuyo auditorio hizo su disertación, y la Fundación René del Risco Bermúdez, en el marco de la cátedra que rinde homenaje al autor petromacorisano.
Previo a la conferencia, la PUCMM reconoció a Ramírez como profesor honorario de la institución, a cargo de David Álvarez Martín, su vicerrector de Campus; el profesor Wilson Genao dijo unas palabras en nombre de la entidad y la escritora Soledad Álvarez hizo la presentación del conferencista.
Sergio Ramírez ha estado vinculado a nuestro país, desde los tiempos heroicos de la lucha contra la dictadura de Anastasio Somoza: aquí estuvo en 1979 con el llamado Grupo de los Doce; en 1996 participó en el mitin de cierre de la campaña electoral del Partido de la Liberación Dominicana; en 1998 presentó en la Biblioteca Nacional su “Margarita, está linda la mar”, Premio Internacional de Novela Alfaguara 1998 (galardón compartido con “ Caracol Beach”, del cubano Eliseo Alberto), durante la fecunda gestión de Ruth Herrera en esa editorial: por esa vía estuvo tres veces en el país. Participó en 2009 en las celebraciones del centenario de Juan Bosch, con una conferencia sobre sus dimensiones intelectual, política y ética. Además, fue invitado a la Feria Internacional del Libro de 2015.
Retomemos la conferencia del martes. Más que un recuento de nombres y fechas de la literatura latinoamericana, el laureado escritor hizo énfasis en el mundo literario y cultural del Caribe, a partir de escritores icónicos de la región, como Alejo Carpentier, Gabriel García Márquez, Juan Bosch, Juan Rulfo y Junot Díaz; del mismo modo que mencionó a los cantantes y músicos tan característicos: Celia Cruz, Dámaso Pérez Prado, Juan Luis Guerra y Julio Jaramillo, entre otros; asimismo, destacó ritmos: candomblé, zamba, vallenato, merengue, bachata y jazz, entre otros. No podía faltar la orquesta Sonora Matancera.
Presentó la atmosfera y el aliento del Caribe, las profundidades de su alma y sus espectros: la mezcla de culturas y razas, independientemente del territorio donde habiten. Ahí están los hombres en sus cabalgaduras, como protagonistas y hacedores de mundos, construyendo la historia, al tiempo que los procesos los convierten en realidad e imaginación: el Libertador al final en la finca de Santa Marta, sin espada que empuñar, y Christophe, el rey Henri I, cuyos hombres de armas parecían soldados napoleónicos.
Habló del coronel Félix Ramírez Madregil, el tío abuelo y padre de crianza de Rubén Darío, a quien, al igual que José Arcadio Buendía con su hijo Aureliano, lo llevó a conocer el hielo: “por él aprendí pocos años más tarde, a andar a caballo, conocí el hielo, los cuentos pintados para niños, las manzanas de California y la champaña de Francia recuerda en esa misma autobiografía”.
Pero en el discurso que pronunció al recibir el premio Cervantes, el 23 de abril de 2018, en Madrid, Sergio Ramírez evocó las figuras de Rubén Darío y de Miguel de Cervantes, y sus vínculos con el Caribe:
“Tres siglos después de Cervantes, él devolvió a la península una lengua que entonces resultó extraña porque venía nutrida de desafíos y atrevimientos, una lengua que era una mezcla de voces revueltas a la lumbre del Caribe, de donde yo también vengo, porque Centroamérica es el Caribe, ese de milagros verbales donde los porteros pertenecen a la realidad encandilada y no a la imaginación, a la que sólo toca copiarlos el propio Rubén, Alejo Carpentier, merecedor del premio Cervantes, Miguel Ángel Asturias y Gabriel García Márquez, ganadores ambos del Nobel. En el Caribe toda invención es posible, donde luego la realidad es ya una invención en sí misma.
“En ese sentido, me figuro a Cervantes como un escritor caribeño, capaz de descoyuntar lo real y encontrar las claves de lo maravilloso, cuando nos habla en “El coloquio de los perros” de la Camacha de Montilla, que “congelaba las nubes cuando quería, cubriendo con ellas la faz del sol, y cuando se le antojaba, volvía sereno el más turbado cielo, traía los hombres en un instante de lejanas tierras, remedaba maravillosamente las doncellas que habían tenido algún descuido en guardar su entereza. (…).”