Servir al PLD para servir al pueblo, Domínguez Brito

Se supone que el Magistrado Procurador General de la República es un funcionario probo, honesto, serio, decente, recto, profundo conocedor de la Constitución, las leyes y las ansias de libertad que tiene el pueblo, el defensor de la sociedad.
Se supone que ninguna motivación humana permitirá que ese altísimo funcionario judicial tuerza su voluntad de servir a la majestad de la justicia, salvo que se cruce la malvada consigna que ordena: servir al partido (primero) y después, servir al pueblo, (de último).

Esa consigna: “Servir al Partido (de la Liberación Dominicana) para servir al pueblo”, envenena todo lo que toca, corrompe, impone la impunidad, de modo y manera, como decía un amigo ya desaparecido, que el Honorable Magistrado Procurador General de la República, mal puede propiciar que se haga justicia y se persiga condenar a un alto funcionario del partido a quien, repito, le será muy cuesta arriba, hoy, mañana y después, justificar la meteórica multiplicación económica, con tan buena suerte que, de la noche a la mañana, de ningunos bienes y recursos se ha convertido en multimillonario.

Es duro justificar la actitud del licenciado Francisco Domínguez Brito como que sus actuaciones son las de un hombre confundido que da palos a ciegas en una sociedad que siempre lo vio como un político con futuro, como un hombre intransigente con el espíritu de la justicia, dispuesto a llegar a las últimas consecuencias con tal de actuar correctamente.

En los últimos tiempos, Domínguez Brito, actual Procurador General de la República, apunta hacia un lado y el tiro le sale por la culata, como dijo el bien educado doctor Joaquín Balaguer, Domínguez Brito se hizo pupú fuera del cajón.

Su decisión de no apelar la sentencia que favorece al Secretario de Organización del Partido de la Liberación Dominicana, (PLD) lo coloca en la galería de los favorecedores de la impunidad, de aquellos que usan el poder que ostentan, para defender a la sociedad, en beneficio de personajillos cuestionados por sus manifiestas demostraciones de un súbito enriquecimiento cuyo origen y multiplicación hasta el infinito nunca le será posible demostrar que ha sido bien habido.

Si el licenciado Domínguez Brito asume una actitud tan diferente a lo que ha sido, hasta ahora y su conducta, se tuerce y retuerce de la manera tan acomodaticia en que lo ha hecho, ello indica que abandonó la que se entendía que era su escala de valores.
Son las actuaciones del licenciado Francisco Domínguez Brito las que me obligan a hacer causa común con quienes piensan que nunca tuvimos la oportunidad de revisar los pies del funcionario porque nunca lo vimos descalzo. Ahora sabemos que tiene los pies de barro.