SFS

El Seguro Familiar de Salud (SFS) deberá entrar en vigencia el día primero de mayo de este año, y debe ser así contra viento y marea.

Con un 70% de los compromisos requeridos para su vigencia listos, no hay argumento valedero para nuevos aplazamientos.

El SFS es, probablemente, el aspecto más importante del Sistema Nacional de Seguridad Social, toda vez que universaliza una excluyente asistencia en salud que ha estado reservada a los trabajadores.

Por causas bien conocidas, siempre fue más fácil crear el Fondo de Pensiones contemplado en la Seguridad Social, que lograr que determinados sectores empresariales aceptaran el establecimiento del SFS.

El Seguro Familiar de Salud es el instrumento que permitirá ir eliminando una de las graves limitaciones del arcaico servicio de salud administrado por el Instituto Dominicano de Seguros Sociales.

Ya es hora de descartar los argumentos y pretextos con los cuales se ha obstaculizado la marcha de este instrumento de la seguridad social.

Con un 70% del camino trillado, hay que hacer que de una vez y por todas los trabajadores y sus familias tengan acceso a atención médica de calidad en base al nuevo régimen de seguridad social.

El primero de mayo, Día Internacional del Trabajo, es una fecha propicia para hacerlo.

Diálogo

A pesar de que empleadores y sindicatos han sido poco flexibles en sus posiciones al negociar un incremento salarial, el diálogo es el medio por excelencia para llegar a un entendimiento.

La mejor manera de reanudar el diálogo es reformular las propuestas de las partes de manera que haya una agenda común de generalidades a discutir y negociar en sus detalles.

Hasta el momento, y probablemente ello ha marcado el fracaso de las negociaciones, es que cada parte plantea y defiende sus puntos sin tomar en cuenta los del interlocutor.

La discrepancia principal estriba en que los trabajadores hablan de incremento general hasta un techo salarial de treinta mil pesos mensuales, mientras que los patronos han centrado su oferta en el salario mínimo.

Definitivamente es necesario que las propuestas de ambos sean puestas en agenda común y que haya un sincero interés de parte y parte por negociar sobre las dos variables en discusión, sin excluir ninguna.

Así, el debate estaría limitado a las proporciones a negociar, que bien podría ser una media entre lo que aspiran unos y lo que ofrecen otros.

Lo que no debe producirse es una quiebra definitiva de las negociaciones, una ruptura del diálogo. Es en este punto, precisamente, que las partes deben mostrar sus mejores habilidades.