Si la dejan, si nos dejan

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TONY PÉREZ
Me ha tocado el privilegio de gestionar y lograr la concreción de la primera radiotelevisora universitaria de la isla, la cual transmitirá en breve desde la Facultad de Humanidades en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) en las frecuencias 1560 kilociclos onda larga para Santo Domingo, 4,720 Kilohertz onda corta y la Web para el mundo y en dos de los sistemas de cables nacionales. Radio y TV Universidad también han recibido de Indotel la concesión para la primera FM digital del país.

Estamos ante una huella positiva imborrable en la historia de la comunicación social de cuya dimensión la misma UASD aún no se ha enterado en su justa dimensión o no ha querido enterarse debido a sus eternas tensiones destructivas y guerras de intereses particulares o de grupos que ocupan hasta su tiempo de sueño.

No está vigente la sistemática conspiración externa contra la academia, planificada por gobiernos y otros sicarios de la educación de ingrata recordación, pero esta actitud marcó muchos cerebros uasdianos con una paranoia que ahora no hay siquiatra para ella. Esa es una de las razones que provocan la dedicación de gran parte del tiempo a culpar de nuestras desgracias a sectores externos e internos desafectos. Desenfoque que nos lleva al abismo pues descuidamos el promontorio de tachas que crece con las horas y de paso desconocemos los cambios verificados más allá del perímetro de la Ciudad Universitaria.

Radio y TV Universidad ha recibido del sector externo (Indotel-Gobierno, Centro Franklin, medios de información, periodistas, políticos, profesionales o no, algunos empresarios) el mejor apoyo y los mejores aplausos. Incluso el mejor tratamiento periodístico que el dado por la propia UASD en sus medios oficiales y en los comunes pasillos de discusión bizantina. ¿La causa? Mezquindad; politiquería fabricada en la pocilga más abandonada. Cualquier otro argumento justificativo caería en el plano de la retórica figurera herencia de los setenta o a intentos de chantaje para lograr objetivos no académicos, práctica cada vez más común en la academia.

Desde 2002, cuando nos planteamos como meta la puesta en escena de la radio y televisión universitaria, los obstáculos brotaron a granel. Y no vinieron de la calle. El bloqueo vino y viene de sectores internos integrados por determinadas autoridades, profesores y empleados que, para colmo, persuadieron hasta grupos estudiantiles contaminados por la violencia sobre la urgencia de negar apoyo al proyecto y desacreditarlo junto a los promotores si no querían perder las elecciones internas. Ese es el nivel que predomina; es probable que en un barrio pobre y presa del analfabetismo se compita con más altura que en la primera universidad de América.

Reconozco que el fariseísmo criollo carece de otra opción. Muchos profesores y egresados ocuparon cargos importantes en gobiernos pasados, pero fueron incapaces de pensar en la institución que los formó. Solo gestionaron su comodidad particular y bloquearon las gestiones de otros que han querido trabajar, igual que pasa ahora. Por eso es entendible que su único comportamiento presente y futuro sea el de rumiar su tristeza disfrazada o el de los enfermos en agonía que, como cuentan en los pueblos, en los últimos minutos de vida quieren pulgar las penas para irse más livianos al cielo y allí recibir de Dios una sentencia más ligera que les permita salvarse del infierno. Ese es el trágico resultado que tiene que pagar cualquier ser humano por incumplir en su momento con las encomiendas de la historia.

Un apreciado amigo murmuraba con cierto dejo de frustración que la UASD no cambia, que sigue siendo la misma. Coincidí con él porque, aun desde afuera, él no ha abandonado el barco; esperanzado, ayuda en lo que puede. Entonces, tiene moral para hablar; no así los otros, responsables de la diatriba, la desidia, la vagancia y la mala fe que solo provocan caos y usan a la academia como ubre de vaca fértil. Esos llevan a pique cualquier obra, solo por retaliación. Para lograr objetivos se articulan especies de bandas de facinerosos que tienen amarres por todo los lados y quien no pertenezca a ellas, se arriesga a la muerte moral o al aislamiento. Ese es otro sitio de nuestro país donde las palomas le tiran a las escopetas.

Quien no quiera verlo, que no lo vea. Pero la universidad no saldrá de su marasmo ni crecerá una pica mientras ella misma no se critique con seriedad. Y la Radio y Televisión Universitarias, como propuestas educativas, podrían ser la mejor apuesta para la creación de los verdaderos demócratas, la promoción del trabajo y la cura del cáncer de la viveza y la indolencia que casi le hacen metástasis en los pulmones de ese subsistema educativo. Si la dejan, si nos dejan, porque ya andan sueltos los demonios de la ambición.