Si la escoba me  fuera contada…

No cabe duda de que las motivaciones para incluir, preservar y presentar una colección son varias. Entre ellas. encontramos las siguientes: promocionar y (re)descubrir a los objetos, sensibilizar por cualquier patrimonio auténtico y darle un sentido especial, crear un interés hacia cosas en vía de abandono y tratar de evitar su paulatina desaparición.

La preservación de una identidad nacional y regional –del Cibao al Caribe–, anclada en la tradición más genuina, interviene en esos enfoques, y el Centro León, entre sus objetivos y la práctica diaria desde hace casi diez años, se caracteriza por apoyar e investigar la riqueza antropológica y social dominicana, y luego provocar la reflexión de los seres pensantes.

Es en ese contexto que percibimos la exposición titulada “Lo que cuenta una escoba: cultura dominicana de lo cotidiano”. Pero hay mucho más: se trata de una muestra exquisita, simpática, educativa, reveladora, en pocas palabras una de las exposiciones más sutiles, profundas y totalizantes que hayamos visto –¡siendo un problema el hecho de que prácticamente cada exposición organizada por esa institución santiaguera obliga a expresar los mismos elogios!–.

Admiramos el despliegue museográfico, tal vez más expansivo que nunca, donde se conjugan la organización y la fantasía. La disposición horizontal y vertical de las piezas artesanales, solas o en grupo, que descansan en tabiques y en tablas, que brotan en “bouquet” como si fueran a deshollinar el techo, que se explayan en una instalación fenomenal mezcladas con toda la parafernalia criolla de madera y fibras, o que se enfrentan a sus competidoras internacionales –otra instalación–, testimonia el dominio del espacio, de los espacios.

Obvio es que se trata de una labor de equipo, encabezada por José Fernández Pequeño, y la ha instrumentado óptimamente Pedro José Vega en su “construcción” museográfica: ahora sí, hay una escenografía, funcional y sobria, pero la hay… Las escobas cobran vida, cual personajes mágicos, y no dudamos de que podrían proponerse a las brujas para que emprendan el vuelo…, a esas brujas evocadas, por cierto, desde la entrada, en un primer video muy monte adentro. El primer video… porque otros van a seguir, animados por el antropólogo y donante de la colección, profesor Leonardo Iván Domínguez, y por los artesanos que confeccionan las escobas, rítmica y ritualmente. En este sentido también, el Centro educa al público que va así apreciando el aporte audiovisual en movimiento –lo comprobamos–, y, punto importante, en vez de presentar imágenes “enlatadas”, suele crearlas para cada exposición. Además, las proyecciones abren un compás de descanso antes de retomar la contemplación de los objetos y leer las frases escritas en las paredes.

Otras revelaciones y encantos. Una exposición en el Centro León siempre sigue un guión según el cual las obras se van presentando metódicamente, sucediendo un subtema al otro, fortaleciendo  la atención del espectador y desarrollando la comunicación. En las aventuras y desventuras de la escoba dominicana, cinco ámbitos se han diseñado, propios a movilizar  el interés, la interpretación, el sentido del humor aun… Todo empieza por “El incesante vuelo de las escobas”, evocador de leyenda, pero enseñando materiales, rasgos técnicos y procedencias geográficas. El segundo ámbito, “La escoba: tradición y modernidad” se centra en la fabricación del objeto, sus variantes, la dedicación y habilidad que requieren del artesano.

Luego, se advierte del peligro, la competencia tecnológica que, en nuestra era globalizante, amenaza siempre la identidad, “Conviviendo con lo cotidiano: tradición, reciclaje e importación”. De lo esencialmente objetual se pasa a la expresión y metaforización de la escoba en la cultura del lenguaje, los refranes  y otros campos de la creación, abarcando a las artes plásticas:  “Un imaginario de cana y guano”.

Finalmente, es el ámbito de síntesis, que invita a la reflexión, “La cultura de lo cotidiano”, solicitando participación activa e intervención, propuestas y opinión.

El visitante deja la sala encantado, emocionado –fue el caso nuestro–, asombrado: ¿cómo mediante elementos tan simples y domésticos se llega a desarrollar tal sentimiento de orgullo y una actitud de compromiso identitario, reivindicando a la ingeniosidad popular, rural y anónima?

Más increíble es la índole totalizante de este “escobar”, que abarca hasta los “escobajos”. Su artesanía alcanza a las artes visuales: estupendas fotos de Domingo Batista y Wifredo García, pinturas de  Hilario Olivo, Pedro Céspedes, Rider Ureña, Antonio Guadalupe, Ariadna Canaán –inolvidable instalación en Bellas Artes–. Los proverbios, el merengue, la bachata también se dan cita y citan. El teatro y Julia Álvarez aluden a la Vieja Belén y su escoba  ¡La religión, con el humilde Fray Escoba y un curioso altarcito vudú tampoco prescinde aquí de esta herramienta multiuso!

¿Y cómo no mencionar los juegos inspirados por la escoba? Esta exposición tan seria, en su totalidad evoca el juego: sentimos que el equipo del Centro León ha tenido un inmenso placer en realizar este evento… Se ha divertido y ha transmitido esa vertiente lúdica a un público fascinado. Grandes exposiciones pueden organizarse con pequeños valores cotidianos… es una tendencia museológica actual. ¡Y ahora vamos a iniciar nuestra colección de escobas: las vemos y preciamos con un ojo diferente!

Zoom

Leído en  folleto

“Existe un mercado importante de escobas en el país y hay una práctica tradicional en su fabricación, que convive en condiciones nada favorables con las nuevas tecnologías y los productos importados. Por la importancia que ese acervo cultural posee para mejorar la calidad de vida de muchas personas, así como para el desarrollo de la cultura y la sociedad nacional, resulta perentorio estudiar las mejores formas de apoyarlo y estimularlo.”