Sí que podemos

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Una vez más se encuentra este pueblo abrumado por los problemas y pesimista porque las soluciones no parecen tan a la mano.

Motivos reales hay para pensar que el mundo se nos viene encima. La economía, por ejemplo, se deteriora progresivamente y todo lo que alcanzamos a ver es que yerran a cada paso aquellos que, por su autoridad, deben trazar estrategias y pautas de corrección. Para colmo de males, las más grandes inundaciones que haya sufrido el país en los últimos 50 años han causado enormes pérdidas en agropecuaria, agricultura e infraestructura.

Preocupa, con mucha razón, que el activismo político desde la administración del Estado, en pro de la repostulación y eventual reelección del actual Presidente, aparte de que en muchos casos le resta tiempo a la labor oficial, podría influir en decisiones de política económica y fiscal para beneficio de la causa grupal y no necesariamente para bien general.

Para agravar las cosas, el panorama político con miras a las elecciones de mayo próximo no luce todo lo armonioso que debería estar en por lo menos dos de los principales partidos políticos del sistema y en el plano institucional los asuntos en la Junta Central Electoral (JCE) todavía dejan mucho que desear.

En el aspecto social están dadas las condiciones para que se agrave la situación de salubridad provocada por el creciente número de casos de dengue. Las inundaciones ocurridas en amplias zonas del país potencializan los riesgos de brotes de enfermedades infecciosas, incluyendo el dengue, por supuesto.

[b] -II-[/b]

)Pero no será que los problemas nos han hecho perder de vista nuestras propias capacidades para salir del atolladero?

Los dominicanos debemos recordar, con optimismo y orgullo, que hemos sido capaces de superar gravísimos problemas de todos las índoles en el pasado. Si ayer logramos superar grandes dificultades hasta lograr tener una de las economías más sólidas de América Latina, )qué nos impediría ahora, a no ser nuestro pesimismo, encauzar nuevamente el país por senderos semejantes a aquellos?

En el plano político, fueron nuestras capacidades las que determinaron que le pusiéramos fin al continuismo unipersonal en el poder, aún cuando manos interesadas lo han repuesto para su propio beneficio. Fuimos capaces, también, de superar los traumas de 31 años de cruenta tiranía y ensayar la democracia hasta instaurarla como nuestro sistema institucional.

El pasado está lleno de ejemplos de lo que somos capaces. Más o menos graves que los anteriores, todos nuestros problemas actuales tienen solución y estamos llamados a elaborarlas, a producirlas en base a nuestras capacidades.

Independientemente de que los malos manejos hayan provocado el desplome de las finanzas públicas, la economía continúa siendo fuerte y con suficientes reservas y potencialidades para lograr reponerse de estos embates. No es una apreciación que hayamos traído por los pelos, sino la afirmación reciente de las principales asociaciones empresariales y financieras del país.

Nos queda como tarea, entonces, levantar el optimismo y la confianza en nuestras capacidades, asimilar las lecciones de estas calamidades e identificar sus causas y autores para no repetirlas ni repetirlos, y emprender el camino hacia las soluciones sobre la base del trabajo productivo, del trabajo conjunto entre gobernantes y gobernados, con gobernados exigiendo, permanentemente, que las cosas se hagan bien, y con gobernantes conscientes de que los gobernados les pagan para que sean buenos rectores y jamás arrendatarios de la cosa pública.