Sí, todos están contratados pero… ¿trabajan?

Marien Aristy Capitan

Vale dar una vueltecita por las nóminas “transparentadas” para ver muchas cosas que llaman la atención. Ministros con más de diez asistentes y auxiliares asignados a su despacho, gente que está nombrada en el exterior pero muy pocas veces va a su destino, profesionales en varias carteras del Estado, cónyuges de empleados que son favorecidos con cargos (algunos en áreas que no conocen), departamentos de relaciones públicas de instituciones pequeñas con decenas de periodistas cobrando en ellas… detallitos altisonantes pero que, al parecer, la Contraloría General de la República no ve.

Cuando escuché las declaraciones del contralor Rafael Germosén me invadió la indignación: ¿cómo se atreve a negar que hay un abultamiento en la nómina pública? Sí, es verdad que todo el que recibe un salario del Estado es porque ha sido nombrado o contratado para desempeñar una función. Pero, ¿certifican que cada uno de los trabajadores cumpla esa función?

No hay que ser un genio para saber que mucha gente estafa al Estado porque no hace el trabajo para el que se le paga. Casos hay demasiados, como también de funcionarios que son innecesarios.

El que ha revisado las nóminas públicas sabe que los escándalos abarcan a casi todas las instituciones del Estado. Y eso no es nuevo, no… ¡siempre se ha negociado con los cargos de los ministerios y entidades descentralizadas!

El presidente Danilo Medina ofreció mucha transparencia pero eso quedó en las palabras. En los portales, por ejemplo, se encuentra poco y de nada sirve buscarlo: aunque se publique, el Gobierno cierra los ojos o mira a otro lado.