Si ustedes no nos quieren, ¿para qué nos invitan?

Marien Aristy Capitan

La actitud fue hostil. A pesar de haber sido “invitados” a cubrir las incidencias del día, parecía como si no los quisieran allí. No se pueden mover del vehículo, le advirtieron con severidad a los choferes, mientras los reporteros y fotógrafos o camarógrafos esperaban poder entrar a ese búnker que acoge a la nueva Embajada de Estados Unidos.

La prensa que cubre Palacio no pudo entrar. Como no fue hasta la tarde del lunes que se supo que el presidente Danilo Medina iría, no permitieron acreditarlos. Por tanto, les pidieron que se fueran (de forma poco cortés, por demás): no era una actividad del Presidente y, en consecuencia, estaban de más.

Salvado el impasse con los reporteros de Palacio, se esperaba que todo transcurriera con normalidad. Pero, oh, sorpresa: mientras esperaban que el acto comenzara los fotógrafos y camarógrafos fueron obligados a enfocar hacia el podio, ya que no podían hacer fotos y tomas de otras áreas. Por ello, incluso, un fotógrafo fue obligado a borrar las fotos que había hecho en la entrada del consulado.

Ahí no quedó la cosa. Los periodistas tampoco pudieron hablar con ningún invitado. ¡Estaba prohibido! Cual si fuesen peones, los reporteros sólo podían tomar ciertos datos, fotos y declaraciones. ¿La libertad de expresión y movimiento que tanto ellos pregonan y exigen a los demás? ¡Bien, gracias!

Tales fueron las restricciones que al final de la actividad no querían que los periodistas permanecieran frente a sus instalaciones, cual si las fueran a apestar. Visto el caso, uno se pregunta: ¿para qué invitarnos? Manden sus notas y ya.