Siempre habrá un mejor mañana

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Gran parte de la población dominicana vive una situación de angustia e inseguridad colectiva. Condenados a salir diariamente a la calle a buscárnosla, conocemos muy bien los peligros a los que nos exponemos. La paz de ayer está lamentablemente siendo reemplazada por el temor y la angustia de hoy. La complejidad social crece de manera vertiginosa porque a medida que nos desarrollamos se hace más difícil el control familiar.
Es esa una las razones por la que oigamos a mucha gente impotente, deseosa de retroceder a un sepultado pretérito que la máquina del tiempo se encargó de convertir en historia. Recordar es vivir, balbucea el inspirado poeta; vendrán mejores tiempos, expresa el impenitente optimista; sabrá Dios, comenta el religioso escéptico; nadie sabe, sentencia el ateo. En lo que muchos nos pondremos de acuerdo es en que pocos son los que viven en la zona de confort las 24 horas del día, durante toda la semana.
Se siente una angustia colectiva; dormimos como la guinea tuerta de Guandulito, con un ojo abierto. El evento trágico es con lo que el vecino alimenta nuestro oído, diciéndonos que hace poco lo atracaron a él, o a uno de sus hijos. La atormentada madre recibe la noticia de que su hijo está detenido y su moto incautada en una de las tristemente célebres redadas policiales.
Las cárceles siguen siendo cementerios de hombres vivos. Se ingresa sano a la celda y se sale malogrado por el SIDA, la tuberculosis, el cólera y demás demonios sanitarios.
El poder adquisitivo del salario real es cada vez menor, a lo que se le agrega la amenaza del desempleo. Las dádivas gubernamentales no son la mejor solución; el modelo de benefactor de la social democracia no cuaja en la República Dominicana. El día 13 de agosto de 1980 Juan Bosch escribía en Vanguardia del Pueblo: “El socialismo democrático, o su producto patentado con el nombre de social democracia, se da sólo en los países de capitalismo altamente desarrollado cuando los obreros y los campesinos medios y pequeños pasan a ser integrados en un frente de clases gobernantes; y para que pueda darse ese paso se requiere que los capitalistas más poderosos del país donde vaya a establecerse ese frente tengan posibilidades de sustituir con los excedentes que saquen de territorios coloniales o neocoloniales los beneficios que deban traspasar a manos de los obreros y los campesinos de su país a quienes deberán tratar, una vez que estén formando parte del frente de clases gobernantes, como socios con derecho reconocido a participar, aunque de manera limitada, en una nueva distribución de la plusvalía que, hasta ese momento, percibían sólo los sectores capitalistas de su país”. No hay modo de progresar tomando dinero prestado para distribuirlo como créditos, a receptores que lo interpretan como dádivas.
Nubes grises se observan en el firmamento quisqueyano; soplan vientos huracanados; relámpagos y truenos anuncian un serio fenómeno atmosférico. El ciclón de la corrupción aumenta su velocidad. Ahora más que nunca debemos avivar la fe boschista, recordándonos que nunca es más oscura la noche que cuando va a amanecer.
La fe mueve montaña; la patria vive; siempre habrá un mejor mañana.